«Los siete magníficos»

Artículo publicado originalmente en el número de junio de 1991 de Aeronaval, boletín informativo de la Flotilla de Aeronaves de la Armada

18/12/2005

18/12/2005 ¿Cuántas veces habremos oído eso de «Ese barco es muy malo» o «Esa escuadrilla es buena»?

¡Craso error mis queridos amigos! Ni barcos ni escuadrillas, por sí mismos pueden ser buenos o malos ya que ellos no tienen sentimientos. Son los hombres los encargados para bien o para mal de darles esa «solera» que ya siempre los acompañarán.

Allá por el año 1960, la Armada tomó la decisión de dividir la Segunda Escuadrilla de Helicópteros en dos Patrullas. La Primera tendría su base en Rota y la Segunda que sería la antisubmarina, en Cartagena. Creo sin ánimo de menospreciar ni ofender a nadie, que la Segunda tuvo más suerte.

A un pequeño grupo de Oficiales Suboficiales y Cabos les cayó encima la responsabilidad de poner en marcha aquel proyecto y darle a esa «recién nacida» Segunda Patrulla el «toque» Personal de «buena» o «mala». Se comenzó el trabajo con abundancia de ilusiones y escasez de medios. El Cabo Primero Comandante del Destacamento de Infantería de Marina de Santa Ana vio con desesperación cómo se esfumaba su tranquilidad con la llegada de aquellos tres S. 55 y como su «bastón de mando» pasaba a manos de aquel Capitán de Corbeta recién llegado. Así, más o menos fue el nacimiento, del Helipuerto de Santa Ana. Al viejo y destartalado caserón se le puso en su fachada un hermoso cartel, en el que se leía: HELIPUERTO y la gente que diariamente hacía a pie el trayecto que separa Santa Ana de Los Dolores, y que con el transcurso del tiempo llegarían a ser grandes amigos y colaboradores de todos nosotros comenzaron a ver con sorpresa cómo se elevaban junto a la carretera aquellos raros «animales» pintados de azul oscuro y amarillo.

El C.C. don Francisco Mola Mayayo fue el primer Jefe de la Patrulla, siendo los Tenientes de Navío don Francisco Peñuelas Llinás, don Antonio López-Cerón y Fernández de Alarcón, don Alfonso Moreno Aznar, don José Enrique Delgado Manzanares, don Vicente Buyo Couto y el Teniente de Máquinas don Emilio Zarrabeytia Edilla el resto de la Oficialidad. Estos Oficiales contaron con la colaboración de un magnífico grupo de Suboficiales y Cabos, y entre todos, trabajando con ahínco y con ilusión, superando las dificultades del momento, que eran como para desanimar a cualquiera, y siempre bajo la atenta y vigilante mirada del CF. D. Saturnino Suanzes de la Hidalga, verdadero artífice del Arma Aérea de la Armada, se consiguió dar a la Segunda Patrulla de la Segunda Escuadrilla de Helicópteros una espléndida «solera».

Esta Patrulla permaneció en Santa Ana hasta mediados del año 1964, en que se decidió su vuelta definitiva a Rota. En este período de tiempo, nuevos pilotos, suboficiales y cabos se incorporaron y otros se marcharon, pero el mérito por la «solera» adquirida es justo que se les adjudique a los «pioneros» y su grupo de colaboradores.

Durante los años que estos helicópteros permanecieron en Santa Ana, fueron innumerables los ejercicios realizados con los submarinos tipo «D» y con los entrañables «Cinco Latinos». Con un modesto equipo sónar de foco y noventa pies de cable, se consiguieron seguimientos de contacto hasta el límite del alcance del equipo, pero lo más importante de todo fue que NUNCA se tuvo un accidente.

En el aspecto humano, siempre se procuró ayudar al más necesitado. si el CN. D. Francisco Peñuelas Llinás tiene ocasión de leer este pequeño artículo, recordará igual que lo recuerdo yo, el cerdo navideño que nos suministraba el Cabo Otón, y que convertido en sabroso embutido, era repartido equitativamente entre todos, aunque de los gastos que se ocasionaban quedaban exentos los Cabos Sanmartín y Mañogil, considerados «económicamente débiles». Muchos marineros llegaron al Helipuerto de Santa Ana siendo analfabetos y cuando marcharon licenciados habían dejado de serlo y llevaban en el bolsillo su flamante permiso de conducir, gracias al Plan que se puso en marcha y del que fue originador D. Francisco Peñuelas.


En fin, para qué seguir evocando y recordando. Tal vez todo esto a la gente más joven le suene a «batallita», pero que tengan en cuenta que la «solera» que adquirió la Segunda Patrulla de la Segunda Escuadrilla, y que la acompañó hasta el fin de sus días, dudo mucho que la haya alcanzado ninguna otra Unidad. Y esto no lo consiguieron los helicópteros, al fin y al cabo máquinas sin corazón. Esto lo lograron aquellos «Siete Magníficos» y sus colaboradores, para los que yo, humildemente, solicito nuestro reconocimiento y aplauso.

Eduardo Ruiz Mañogil
Subteniente SO

(Aeronaval, boletín de la FLOAN, nº3, junio de 1991)