Las Historias de Blimdanet ofrecen las valoraciones de la crisis del Perejil de la mano de altos mandos de la Armada Española. Con motivo de su publicación en la Revista General de Marina, el VA JULIO ALBERT FERRERO y el CA JOSE Mª TREVIÑO RUIZ nos deleitan el primero con los entresijos de la gestión de la crisis, y el segundo con la solución a la misma (Operación Romeo Sierra) deslizándose datos inéditos y unas conclusiones muy interesantes. Sin más preámbulo, cedemos la palabra a estos Oficiales Generales de la AE, a través de la reproducción de sus artículos en la RGM. A continuación, el Col. (R) GIL GUNDÍN reflexiona, desde la tribuna de opinión del Boletín de la EIM, sobre la Operación RS.


LA CONDUCCIÓN OPERATIVA DE LA CRISIS DEL ISLOTE DEL PEREJIL.

VA JULIO ALBERT FERRERO

RGM, Noviembre de 2002

Como es sabido, el 11 de julio pasado fuerzas de la gendarmería marroquí ocuparon el islote Perejil, de soberanía española, situado en las cercanías de Ceuta. Posteriormente fueron relevadas por fuerzas del Ejército marroquí.

El Gobierno español pidió explicaciones al Gobierno marroquí sin obtener respuesta alguna. La Unión Europea solicitó la retirada marroquí y la OTAN instó a Rabat a dar fin a la ocupación, considerándola como un acto inamistoso.

España consideró inadmisible este acto de fuerza, que ponía fin a la situación de hecho establecida y mantenida desde los años 60, como situación de statu quo, por la cual ambos países se abstenían de establecer cualquier asentamiento permanente en el islote, así como a desplegar cualquier símbolo de soberanía.

foto publicada en prensa del CC Said Goumari

 

Ante esta situación el Gobierno español podía llevar a cabo las tres líneas de acción siguientes:

-Línea de acción A: reconquistar el islote mediante una acción inmediata en fuerza.

-Línea de acción B: iniciar una conducción operativa de crisis.

-Línea de acción C: admitir la ocupación iniciando únicamente protestas por vía diplomática.

No cabe duda que la línea de acción A era la que más satisfacía al orgullo y al honor nacional y la que hubiera reportado mayor prestigio ante el mundo y, sobre todo, ante nuestros aliados, con excepción de "honrosas excepciones" que respondían a fines bastardos cínicamente aireados.

La línea de acción B suponía una actitud más conservadora y prudente.

La línea de acción C era la menos peligrosa, pero también la menos digna.

El Gobierno español decidió emprender la línea de acción B, que consistía en iniciar una protesta formal diplomática y, en caso de no recibir una respuesta que incluyese la finalización de la ocupación, proceder a la reconquista del islote.

Esta decisión implicaba el llevar a cabo acciones propias de una crisis de nivel medio, que podría desembocar en una situación de crisis de nivel alto en la que se emplean las armas.

A efectos ilustrativos expondremos el desarrollo conceptual de la conducción operativa de las crisis con aplicación al caso que nos ocupa. En general, la conducción operativa de las crisis consiste en una serie de acciones políticas, diplomáticas, económicas y militares que se desarrollan en tres fases: el desafío, la reacción y el acuerdo.

El desafío es la acción seguida para conseguir un objetivo. Su característica fundamental es la sorpresa. Así pues la ocupación de Perejil ha sido un auténtico desafío con el objeto de realzar las reivindicaciones marroquíes sobre nuestros territorios del norte de África,

La reacción es la conducción de la crisis propiamente dicha, doctrinalmente se conoce como la maniobra, v en ella se pretende:

- Evitar una escalada peligrosa.

- Mantener la libertad de acción.

- Permitir al oponente una salida honrosa.

- Posibilidad de llegar a un acuerdo.

El acuerdo es el final de una buena maniobra, que tratará de ser una solución de compromiso capaz de satisfacer a ambas partes. La maniobra ha fracasado cuando, tras una escalada peligrosa, se llega al conflicto armado.

El Gobierno inició la maniobra activando el Gabinete de Crisis, creado por un Decreto de la Presidencia del Gobierno del año 1986. Está constituido por el presidente del Gobierno, como presidente, y el vicepresidente del Gobierno, como vicepresidente, y como vocales permanentes los ministros de Asuntos Exteriores, Defensa, Interior, Economía y Hacienda. El director del Gabinete del Presidente del Gobierno actúa como secretario. Al propio tiempo el decreto establece que coyunturalmente también pueden incorporarse al gabinete aquellas personas que por las características de la crisis puedan tener una relación directa. Llama poderosamente la atención que el jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), máximo mando militar del Estado, si exceptuamos a S. M. el Rey, no sea miembro permanente (perdón por el inciso).

Esta acción fue secundada por la protesta oficial presentada por nuestro embajador en Rabat y la comunicación a nuestros aliados de la OTAN y de la UE, así como a la ONU, seguida por la conversación telefónica entre ambos ministros de Asuntos Exteriores. Con todo ello, el Gobierno cumplió con el primer requisito de "evitar una escalada peligrosa".

Ante la negativa del Gobierno marroquí se procedió a ocupar el islote desalojando a la fuerza marroquí, conservando, por tanto, el segundo principio doctrinal de "libertad de acción".

Esta operación fue concebida, planeada y ejecutada con brillantez bajo el mando operativo del JEMAD, que promulgó las preceptivas reglas de enfrentamiento (ROEs=Rules of Engagement), según la doctrina vigente. Participaron fuerzas de los tres ejércitos bajo el mando táctico de sus jefes directos constituyendo una acción conjunta bajo el control operativo del comandante del Grupo de Unidades de Proyección de la Flota a bordo del buque de mando Castilla.

Seguidamente España retiró la fuerza de ocupación, con lo que cumplió el requisito de permitir al oponente "una salida honrosa".

fin de la crisis

Tanto España como Marruecos decidieron mantener la situación de statu quo, lo que de hecho ha supuesto implícitamente llegar al "acuerdo", cuarto y último requisito de la maniobra, previa intención de reunirse próximamente los ministros de Asuntos Exteriores.

Como conclusión final puede decirse que el Gobierno ha realizado una correcta conducción operativa de la crisis conforme a la doctrina oficial, y que en este caso concreto está referida únicamente a la situación creada por la ocupación del islote del Perejil y, por tanto, es independiente de las crisis que surgirán en un futuro inmediato ante las constantes reivindicaciones marroquíes, en las que España tendrá que emprender acciones de retorsión de índole económica, política y militar que le permitan conservar la libertad de acción.

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LA OPERACION ROMEO SIERRA Y LA ACCION CONJUNTA

CA JOSE Mª TREVIÑO RUIZ

RGM, Octubre de 2002

La primera operación militar española en la que intervinieron fuerzas terrestres, navales y aéreas, fue el desembarco de Alhucemas del 8 de septiembre de 1925, operación que, además de conjunta, fue combinada al intervenir unidades de la flota francesa, al mando del contralmirante Hallier.

Mandaba toda la operación el general Primo de Rivera, a la sazón presidente del Gobierno, Y sus mandos componentes eran el general Sanjurjo, al frente de la fuerza de desembarco; el vicealmirante Yolif, con las fuerzas navales, y el general Soriano, director de la aviación militar, como jefe de la Fuerza Aérea.

Tres cuartos de siglo más tarde, y teniendo de nuevo como escenario el norte de África, en este caso la minúscula isla del Perejil, se desarrolló la primera operación conjunta real desde la unificación de los tres ministerios militares, hace un cuarto de siglo, acción realizada bajo el mando operativo (OPCOM), del almirante general Moreno Barberá, jefe del Estado Mayor de la Defensa que promulgaría el plan de operaciones (OPLAN) y en la que intervendrían efectivos de los tres ejércitos, siendo el comandante de la Fuerza Operativa (COMANFOR) otro oficial general naval, el contralmirante Bringas, comandante del Grupo de Unidades de Proyección de la Flota (COMGRUFLOT), que tendría el OPCON o control operativo de la Fuerza. Como mandos componentes intervendrían el Mando Operativo Terrestre, que delegaría el planeamiento de la toma de la isla en sí en el jefe del reciente mente constituido Mando de Operaciones Especiales, el general Andreu, con sede en Rabasa (Alicante), y que tendría el Mando Táctico o TACOM de los efectivos terrestres.

El Mando Operativo Naval, a su vez, delegaría el planeamiento de la fase anterior a la operación propiamente dicha y el despliegue naval inicial en el almirante de la Flota, almirante Balbás, con su cuartel general en Rota, que delegaría previamente el TACOM de las unidades navales qué se encontraban desplegadas en el área en el comandante de la fragata Navarra, capitán de fragata Rodríguez Garat. Por último, todo lo referente a las operaciones de defensa aéreas sería delegado por el Mando Operativo Aéreo en el general jefe del Mando de Combate (GJMACOM), general Rubio, ubicado en la base aérea de Torrejón, y que tendría el TACOM de las unidades del Ejército del Aire, mostrando una gran flexibilidad y adaptación a la situación.

Cuando los periódicos del viernes 12 de julio de 2002 anunciaron en su primera página la ocupación de la española isla del Perejil, por parte de una docena de gendarmes marroquíes, pocos sabían dónde ubicarla y casi nadie de su azarosa historia.

Como un farallón más entre punta Leona y punta Almansa, oculta a los distraídos ojos de los buques mercantes que a diario transitan por el estrecho de Gibraltar, la isla del Perejil o Peregil se yergue, a seis millas de Ceuta, cual pétreo centinela frente a la costa marroquí, distante apenas 1,5 cables de su rocoso y escarpado perímetro. Su forma es casi triangular con una milla de bojeo; su lado mayor de apenas 500 metros y el menor de 300 le otorgan una superficie aproximada de unos 75.000 m2 formando una meseta con una altura máxima de 74 m, de escasa vegetación y carente de agua.

La isla fue posesión portuguesa desde el año de 1415, y albergó en épocas pretéritas alguna edificación para defenderse de las acometidas de los piratas berberiscos que merodeaban por sus costas, atentos al paso de los buques cristianos que cruzaban por el Estrecho. Tras la unión de los reinos de España y Portugal en la persona de Felipe 11, la ciudad de Ceuta y la isla del Perejil pasaron en 1581 a la corona española, permaneciendo en ese mismo estatus al separarse España y Portugal, gracias al tratado firmado el 13 de marzo de 1663, por el que el monarca español devolvía al lusitano todas las posesiones portuguesas menos la plaza fuerte de Ceuta y la isla del Perejil.

A lo largo de su historia, en 1580, 1610, 1746 y 1762, los ingenieros militares españoles realizaron diferentes estudios para artillarla y controlar el Estrecho, pero siempre se abandonó el proyecto por oneroso. En 1808, y tras la invasión napoleónica, tropas españolas guarnecieron la isla hasta 1813, siguiendo los consejos de los ingleses, que a su vez trataron de ocuparla sin éxito en 1848. Por la firma de la paz de Wad?Ras, el sultán de Marruecos cedía a Su Majestad la Reina de las Españas, "a perpetuidad y en pleno dominio y soberanía, todo el territorio comprendido desde el mar, siguiendo las alturas de la sierra Bullones, hasta el barranco de Anghera". En 1887, el Gobierno español mandó construir un faro, izándose la bandera española de forma permanente. El 1 de abril de 1889, el sultán de Marruecos quiso colocar una garita de vigilancia en la isla, pero ante las protestas del gobierno español hubo de abandonar esa idea. Con el final del protectorado español de Marruecos en 1956, no se hizo ninguna referencia a la isla, que mantuvo una pequeña guarnición, compuesta por un cabo y cuatro soldados de la Compañía de Mar de Ceuta, hasta comienzos de los años 60, en que se retiró el último soldado. La última mención oficial de la isla vino en la presentación, ante el Congreso de los Diputados el 26 de febrero de 1986, del Estatuto de la Ciudad de Ceuta, que en su artículo 2.' del título preliminar decía así: "... el territorio de la ciudad de Ceuta es, junto con el peñón de Vélez de la Gomera y la isla del Perejil, el comprendido en la delimitación actual de su territorio municipal".

La situación

El 11 julio de 2002, una embarcación de la Guardia Civil del Mar procedente de Ceuta, avistaba poco después de las 1400 horas dos banderas marroquíes izadas, una tienda de campaña y a una docena de individuos que, trepando por la escarpada costa de la ensenada de Levante o del Rey, se habían instalado en la isla del Perejil. Los individuos iban uniformados con unos monos de la Gendarmería marroquí, y su mando lo ostentaba el capitán de corbeta Said Gournari de la Marina Real Marroquí -antiguo alumno de la extinta ETEA (Escuela de Transmisiones y Electrónica de la Armada, en Vigo) donde cursó la especialidad de Electrónica-, que se negó a obedecer a los requerimientos de los guardias civiles de abandonar la isla.

la haima del destacamento marroquí

Puesto el hecho en conocimiento de la cadena de mando de los ministerios del Interior y Defensa, esa misma tarde se reunía el ministro de Defensa con los miembros de la junta de jefes de Estado Mayor para tratar esa flagrante violación de la soberanía española en una isla, que aunque situada frente a la costa de Marruecos, dista tan sólo siete millas de Tarifa, estando además dentro del radio de acción de las piezas de artillería de costa del MACTAE (Mando de Artillería de Costa del Estrecho). Naturalmente la situación no se debía resolver a cañonazos, y el problema que se debatía a los más altos niveles era la forma de recuperar la isla del Perejil sin escalar desmesuradamente la crisis ni empeorar de forma irreversible las relaciones entre España y Marruecos. Quizá si esa misma noche se hubieran enviado dos estol helitransportados de la Unidad de Operaciones Especiales (UOE) de la Infantería de Marina, cuyo acuartelamiento de San Carlos en San Fernando se encontraba a tan sólo 50 millas náuticas del escenario de la invasión, la crisis se hubiera abortado antes de nacer; pero no fue así, y al día siguiente la invasión era noticia de primera página en todos los medios de comunicación social, y las reivindicaciones de Marruecos eran una provocación constante para todos los españoles dignos de este nombre.

bandera marroquí antes...

En tanto en cuanto no se tomaba una decisión a nivel político, los estados mayores de los tres ejércitos y el Estado Mayor Conjunto de la Defensa empezaron a estudiar las diferentes líneas de acción, teniendo en cuenta los diversos factores que afectaban al problema y las distintas hipótesis a considerar. No había que olvidar el caso de las Malvinas, en que los argentinos consideraron la hipótesis que los británicos no iban a organizar una fuerza expedicionaria para recuperar las islas, y cuando la task force de la Marina británica se hizo a la mar, no existía un plan alternativo para evitar su reconquista.

Lo primero a considerar era la amenaza que podría cernirse sobre las tropas españolas en el caso de intentar una operación para recuperar la isla. Extrayendo y analizando los datos de Marruecos en el conocido anuario Military Balance, llama la atención el desequilibrio existente entre los tres ejércítos, a favor del de Tierra, algo que tiene su explicación si pensamos que Marruecos siempre tiene omnipresente el conflicto del Sáhara, donde el Frente Polisario materializa una guerrilla sin elementos aéreos ni navales.

El potente Ejército de Tierra, creado en 1956 a raíz de la independencia de Marruecos, ha sufrido en los últimos 25 años, y como consecuencia de la expansión hacia el sur, un enorme crecimiento, habiendo pasado de 80.000 hombres en 1975, año de la ocupación del Sáhara Español, a más del doble, unos 175.000, aunque, eso sí, con el 80 por 100 de sus efectivos desplegados en las provincias saharauis, estacionando el resto de sus unidades en las proximidades de su potencial enemigo argelino, con el que sostuvo una corta guerra a comienzos de los 60. En esencia el Ejército Real consta de una brigada ligera de seguridad, de guarnición en el área de Rabat para guardia y protección del rey Mohamed VI, una brigada acorazada con carros M-60, dos brigadas paracaidistas y tres brigadas de infantería mecanizadas. Además de estas grandes unidades, existe una pléyade de regimientos y batallones desplegados a lo largo y ancho del extenso territorio marroquí, amén de unidades de operaciones especiales. El total de unidades acorazadas y mecanizadas se estima en unas 2.600, contando con 320 carros de combate norteamericanos M-60 y 185 M-48A5 similares a los españoles, estando pendientes de recibir los más modernos T-72B de origen bielorruso (nota de "Las Historias...", dichos T-72B, según el Jane´s Internacional ya dotan a las FFAA Marroquíes, en un número suficiente como paraequipar una brigada Acorazada).

En el ámbito naval, sus buques son bien conocidos, pues la mayoría han sido construidos en astilleros españoles, como es el caso de la hasta ahora su unidad más potente de su Marina, la corbeta clase Descubierta, Lt. Col. Arrahmani, dotada de misiles Exocet y torpedos antisubmarinos. De acuerdo con el prestigioso anuario Jane's Fighting Ships, mucho más moderna es la fragata Mohamed V, entregada en marzo de este mismo año por los astilleros franceses de L´Átlantique en Saint Nazaire, similar a las de la clase Floreal de la Marina francesa y dotada asimismo de misiles antibuque Exocet. El grueso de las unidades de la Marina real marroquí lo forman una treintena de patrulleros de las clases Lazaga (4) y Cormorán (6), construidos igualmente por Izar; Osprey Mk-II (4), de construcción danesa; PR-72 (2), PR-32 (10) y OPV- 64 (6) de construcción francesa; en total 32 patrulleros de diversas características.

Exceptuando los cuatro Lazaga que cuentan con misiles Exocet MM-38 antibuque, el resto de los patrulleros sólo cuenta con cañones con calibres que oscilan entre los 76 mín de los Lazaga y PR-72 a los 40 mm del resto, con la excepción de los pequeños PR-32, que sólo llevan un cañón de 20 mm. Existen además una treintena de lanchas de la Gendarmería, Arcor 46 (18) y Arcor 53 (15), de nulo valor militar, dedicadas a la represión del contrabando y tráfico de drogas.

Todas estas unidades se encuentran repartidas entre el Mediterráneo y el Atlántico, estacionadas en sus base principales de Casablanca y Alhucemas. Los efectivos totales alcanzan ¡os 8.000 hombres, la mayoría procedentes del servicio militar obligatorio que dura 18 meses, incluyendo a los 1.500 infantes de marina, en su mayoría estacionados en Alhucemas, que cuentan con un reducido número de buques y embarcaciones de desembarco.

Los comienzos de la Real Fuerza Aérea marroquí fueron con aviones soviéticos, Mig-15 y Mig-17, y su modernización posterior consistió en la adquisición de aviones norteamericanos F-5 y franceses Mirage F-1 que todavía perduran, aunque se está pendiente de adquirir aviones F-16 de origen saudí, que elevarán notablemente la capacidad aérea. En total la Fuerza Aérea marroquí cuenta con unos 200 aparatos entre aviones y helicópteros, de los que aproximadamente unos 70 son cazas de los dos tipos antes mencionados.

Un rápido análisis de todo lo anteriormente expuesto nos lleva a la conclusión que las FAS marroquíes están compuestas por un numeroso y mecanizado Ejército de Tierra, con tropas aguerridas y adiestradas gracias a ese extenso campo de maniobras que es el Sáhara Occidental, aunque desplegadas en su mayoría en el sur. La Marina, más propia de un servicio de guardacostas que de una armada oceánica, se compone de unidades de pequeño porte, armadas con cañones de pequeño calibre, con la excepción de los seis buques antes mencionados dotados de misiles Exocet, estando organizadas y concebidas para cubrir sus prolongadas costas, desde la frontera con Argelia hasta la de Mauritania, para vigilar y controlar sus ricos bancos pesqueros y reprimir el contrabando y el tráfico ¡legal de drogas e inmigrantes. Su Fuerza Aérea, a todas luces necesitada de una modernización (de ahí la adquisición de los F-16), y con un adiestramiento que presuponemos inferior al de cualquier fuerza aérea de la OTAN, puede no obstante alcanzar objetivos al otro lado del Estrecho si el país atacado no dispone de una defensa aérea eficaz.

El desarrollo de los acontecimientos posteriores

A las pocas horas de la invasión, helicópteros Cougar y Chinook del Ejército de Tierra, operando desde el helipuerto ceutí de Viña Acevedo y del melillense de Rostrogordo, reforzaban las guarniciones del peñón de Vélez de la Gomera, enclavado en la bahía de Alhucemas, la isla de este nombre y el archipiélago de las Chafarinas, poco después que un patrullero marroquí se aproximara a la isla del Rey, de este archipiélago, también deshabitada. Simultáneamente las guarniciones de Ceuta y Melilla, con más de 7.000 efectivos, eran puestas en estado de máxima alerta y acuarteladas.

La fragata Navarra, con una unidad de Infantería de Marina y embarcaciones Supercat a bordo, a la que más tarde se le uniría su gemela Numancia, alistada en un tiempo récord, se incorporaba el mismo día 12 para tomar el mando táctico de los patrulleros Laya, Cándido Pérez y P-114, que ya se encontraban en las proximidades de la isla del Perejil, ejerciendo además una poderosa disuasión con su sola presencia, dadas las características de sus misi¡les Harpoon antibuque y Standard SM-1MR antiaéreos. Simultáneamente las corbetas Infanta Elena y Cazadora se dirigían a la zona del cabo Tres Forcas para controlar los accesos al puerto de Melilla y vigilar el archipiélago de las Chafarinas. Desde el arsenal de Ferrol, saldrían con rumbo sur las fragatas Baleares y Asturias de la 31.' Escuadrilla, con gran capacidad antiaérea gracias a sus radares tridimensionales SPS-52B y sus misiles SAM Standard SM-1MR.

incursores en Perejil

El Ejército del Aire tampoco permanecía ocioso, alertando sus Alas 11, 12, 14, y 15 de aviones F/A-18 Hornet y Mirage F-1, desplegados en las bases aéreas de Morón, Albacete, Torrejón y Zaragoza, al mismo tiempo que su red de alerta y control, compuesta por todos los EVA (Escuadrón de Vigilancia Aérea) más el GRUMOCA (Grupo Móvil de Control Aéreo) desplegado, estratégicamente dispuestos en el perímetro exterior de la península Ibérica, islas Canarias y Baleares, constituían un telón impenetrable a cualquier raid que pretendiese violar el espacio aéreo español.

En la misma mañana del viernes día 12, el contralmírante Bringas, comandante del Grupo de Unidades de Proyección de la Flota COMGRUFLOT, recibía una llamada del almirante de la Flota en la que le comunicaba que había sido designado COMANFOR o comandante de la Fuerza Operativa que debía restituir el islote a la soberanía española. En la base militar de Rabasa, en Alicante, sede del Mando de Operaciones Especiales (MOE), el general de brigada Andreu, jefe del MOE, recibía la orden del Mando Operativo Terrestre (MOT) de alistar y preparar una unidad de operaciones especiales que sería helitransportada cuando el gobierno así lo decidiese para recuperar la isla del Perejil sin derramamiento de sangre y en el menor tiempo posible una vez dada la orden de tomar la isla.

Desde el centro de operaciones aéreas CAOC-8 ubicado en la base aérea de Torrejón, el teniente general Rubio, general jefe del Mando Aéreo de Combate (GJMACOM), dirigía todo lo concerniente a la defensa aérea de España: la alerta de los cazas F-18 y F-1 puestos a su disposición, la adquisición de información relativa a la operación, se obtendría por medio de aviones Aviocar 212, Falcon 20, Cessna Citation y aviones de patrulla marítima P3 Orion basados en la base aérea de Motón. Esta información posteriormente sería procesada en el Centro de Inteligencia Aérea (CIA).

Mientras continuaba el intercambio de notas diplomáticas entre Madrid y Rabat sin llegar a ningún acuerdo, los estados mayores de los tres ejércitos seguían planeando la operación conjunta, coordinados por el EMACON. El estado mayor del almirante Bringas se encontraba a bordo del buque anfibio Castilla, LPD especialmente configurado para actuar como buque de mando de una fuerza, al estar dotado de todos los sistemas CIS (command information system) necesarios en operaciones conjunto combinadas. El día 16 salió a la mar estacionándose en el área del Estrecho, listo para dirigir las operaciones de recuperación de la isla, controlando la actuación de buques, aviones, helicópteros, fuerzas de operaciones especiales y de Infantería de Marina.

La operación conjunta de recuperación de la isla

En la tarde del 16 de julio, festividad de la virgen del Carmen, patrona de la Armada, la normalidad reinaba a bordo de los buques que patrullaban el mar de Alborán y el Estrecho. En la mar se encontraban las fragatas Navarra, Numancia y Baleares en el área del Estrecho, junto con los patrulleros Laya, Cándido Pérez, Izaro, P-111 y P-114. En el área de Melilla, las corbetas Caza dora e Infanta Elena seguían proporcionando cobertura naval a las Chafarinas y a la ciudad autonómica. No muy lejos de Tarifa, la Unidad de Operaciones Especiales del Tercio de Armada a bordo del Castilla, con helicópteros de las 3ª' y 5ª escuadrillas de aeronaves, se encontraba lista para intervenir. En el aeropuerto de Málaga la EZAPAC, o Escuadrón de Zapadores Paracaidistas, había destacado un equipo táctico o TACP que se encontraba igualmente alistado para entrar en acción.

En Rabasa ya se ubicaban los cuatro helicópteros Cougar que debían transportar a los 23 hombres del Grupo de Operaciones Especiales III (GOE III) que iban a intervenir directamente en la recuperación de la isla, a ellos se unirían cinco infantes de marina, dos tenientes, un brigada y dos cabos, que participarán asimismo en la operación. Estos helicópteros de transporte irían escoltados, desde la base de El Copero (Sevilla), por tres helicópteros de ataque HU-10 armados con AMP de 12,7 mm.

BO-105 patrullando por el Estrecho

A las 2343 horas el presidente del Gobierno tomó la decisión de emplear la alternativa militar, orden que transmitió el ministro de Defensa a todos los miembros de la JUJEM, llegando a Bétera la orden de despegue de los helicópteros que deberían transportar a elementos del GOE III, desde Rabasa a la base de El Copero en Sevilla, donde repostarían para iniciar el salto final a las 0400 horas, junto con los tres helicópteros de escolta HU-10, no sin antes recoger en Facinas, Cádiz, a los cinco infantes de marina, dos de ellos controladores aéreos avanzados ó ACAF y el resto de operaciones especiales.

La hora H se fijó a las 0617 horas del día 17 de julio, es decir, al comenzar el crepúsculo matutino, de forma que los helicópteros dejasen a los incursores con las primeras luces del alba. Paralelamente un helicóptero de la 10ª escuadrilla de la FLOAN, estacionado en Rota, había estado haciendo un vuelo FLIR, actualizando los contactos de superficie en el área que pudiesen afectar a la operación, contactos que afortunadamente se reducían a simples patrulleros, no habiendo rastro ni de la corbeta Arrahmani ni de la fragata Mohamed V, que hubieran podido comprometer el éxito de la operación en el último instante; tan sólo el patrullero Al Hahiq (308), de la clase Osprey Mk-III de 475 t y armado con un cañón Bofors 40/60 y dos Oerlikon 20 mm, se encontraba frente a la isla del Perejil, pudiendo suponer un peligro para los helicópteros y sus ocupantes.

helo del ET y patrullera marroquí

A las 0627 horas, con un ligero retraso sobre el horario previsto debido al fuerte viento de levante reinante que ya alcanzaba los 35 nudos, tomaba tierra en la isla el primer Cougar, siendo seguido por el segundo y el tercero, que depositaron a los 23 efectivos del GOE III y los cinco infantes de marina, sin otro percance que el toque de una de las aspas del rotor de un Cougar con una protuberancia de tierra, afortunadamente sin consecuencias.

Paralelamente dos patrulleros de la Armada, ízaro y Laya, dando muestras de arrojo y decisión, ya que desplazaban bastante menos que el Al Hahiq se situaron a banda y banda del patrullero marroquí emparedándolo prácticamente, sin permitirle reaccionar ante la incursión hel ¡transportadas, y mucho menos abrir fuego, todo ello ante la vigilante mirada de la fragata Navarra, atenta a la maniobra con todos sus sensores y armas alistados.

patrullero español

Afortunadamente los seis infantes de marina marroquíes, ocupantes de la isla, no reaccionaron violentamente y, siguiendo las indicaciones del Cougar que portaba un equipo de megafonía, los tres centinelas depusieron sus armas, mientras que los tres soldados restantes que descansaban fueron súbitamente despertados. La bandera marroquí fue reemplazada por la española, y aquí acabó la operación militar propiamente dicha, que si bien su ejecución apenas duró una hora, mientras se rastreaba la isla en busca de más ocupantes, su preparación duró cinco días.

El único daño fue, además de la pala del rotor ya mencionada, un golpe en la rodilla de un soldado español producido al saltar desde su helicóptero. Una hora más tarde la Legión de Ceuta relevaba en la isla a los efectivos de operaciones especiales, y los seis militares marroquíes, a los que se trató de forma correcta, dándoles un desayuno caliente y una muda limpia en Ceuta, fueron devueltos sobre las 10 de la mañana en El Tarahal, punto fronterizo de Ceuta con Marruecos, junto con su armamento personal: cuatro fusiles de asalto AK-47 y dos H&K.

brigada jefe del destacamento marroquí en Perejil durante unas maniobras con la IM española el mismo brigada no tan contento

Durante el desarrollo de la operación y horas posteriores, se mantuvieron alertados los Harrier de la 9ª escuadrilla y en el aire aviones F-18 que actuaron como CAP (combat air patrol), dispuestos a interceptar cualquier traza no identificada que tratase de penetrar en el espacio aéreo español.

Conclusiones

Una acción por parte de uno de los centinelas disparando su Kalashnikov hubiera podido suponer la pérdida de un helicóptero Cougar, con el riesgo de perecer todos sus ocupantes. A su vez, si el patrullero clase Osprey hubiera abierto fuego, podía igualmente haber hecho abortar la operación, por lo que posiblemente habría sido necesario acallarlo. La pérdida de un solo marroquí hubiese supuesto una serie de protestas por parte del mundo árabe, con consecuencias políticas y económicas incalculables para España. Las bajas de efectivos españoles hubieran sido difícilmente justificables frente a la opinión pública. Por ello no se podía correr ningún riesgo gratuito, que habría convertido la operación militar en un fracaso, si no militar, al menos político.

La efectividad de las unidades de operaciones especiales, probada durante la guerra de Afganistán, y los riesgos asimétricos actuales han obligado a adquirir una mayor y más veloz capacidad de proyección por parte de los tres ejércitos. La discreción y disuasión del submarino, al mismo tiempo que su inmunidad, lo hacen una pieza valiosísima, no sólo como fuente de inteligencia, sino también para el desembarco de unidades de operaciones especiales en costas hostiles. Pensemos en cuán distinta hubiese sido la operación desde el punto de vista naval si en el Orbat adversario hubiese habido un solo submarino. El rápido alistamiento de las fragatas de la Armada, al igual que el de los efectivos del Tercio de Armada, embarcados en los diferentes buques que intervinieron y destacados en Ceuta con sus embarcaciones Supercat, hacen de estas fuerzas unidades de alta disponibilidad. La defensa aérea de España estuvo en todo momento garantizada por el Mando de Combate, gracias a sus aviones F-18 y F-1 y los aviones Harrier de la FLOAN, así como a sus escuadrones de vigilancia aérea (EVAs).

La adquisición de helicópteros de combate tipo Apache o Tigre por parte de las FAS españolas puede considerarse una necesidad, si no para esta ocasión sí para el futuro, previendo una reacción hostil por parte de un numeroso y aguerrido Ejército de Tierra adversario dotado de más medio millar de carros de combate. La posibilidad de contar con patrulleros dotados con mis¡les antibuque, un viejo proyecto olvidado con los patrulleros clase Lazaga tristemente desguazados, evitaría en el futuro exponer costosas fragatas frente a patrulleros lanzamisiles adversarios ante ataques de un misil Exocet. Igualmente la necesidad de contar con más baterías de misiles antiaéreas para defender la costa sur de España es otra realidad para el caso de una incursión aérea procedente del norte de África.

La invasión de la minúscula isla de Granada por parte de los Estados Unidos en la década de los 80 sirvió para comprobar que los tres ejércitos no tenían procedimientos normalizados y que no se entendían en el campo de las comunicaciones. La crisis de la isla del Perejil ha servido para demostrar que las Fuerzas Armadas españolas son capaces de realizar una operación conjunta de forma impecable, pero que es necesario realizar una serie de adquisiciones en las dotaciones armamentísticas de los tres ejércitos, pues, llegado el caso de una confrontación con algún vecino norteafricano, los ejércitos españoles se verían irremisiblemente solos para afrontarla.

AB-212 de la Armada en Perejil

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ESTRATEGIA Y OPERACIONES CONJUNTAS

CORONEL DE I.M.(R) JOSÉ GIL GUNDÍN

Boletín de la EIM, Enero 2003

La estrategia militar operativa se puede definir como el arte de preparar, desplazar, desplegar y emplear la Fuerza para lograr los objetivos asignados. En términos conjuntos es una combinación de operaciones terrestres, navales y aéreas, dirigidas al cumplimiento de la misión.

Hoy no se puede, en rigor, hablar de estrategias naval, terrestre y aérea como conceptos independientes y aislados pues, de este modo, serían deficientes por incompletas. Por el contrario, en la actualidad se admite, como necesidad imprescindible, una estrecha ligazón entre las tres estrategias, aunque un profundo análisis de la situación, nos indicará qué componente (terrestre, naval o aéreo) deberá llevar el peso fundamental de la acción en cada momento, de tal modo que las operaciones coordinadas permitan alcanzar el centro de gravedad del enemigo en las mejores condiciones de éxito.

Pero esto no es nuevo, ya el general Beaufre – y otros estudiosos – trataba la estrategia militar como una estrategia militar conjunta:..... combinación de acciones navales, terrestres y aéreas, dirigidas al cumplimiento de la misión. En realidad quizás siempre fue así, o al menos podemos encontrar ejemplos de la aplicación de ese concepto, en todos los tiempos y con los medios disponibles en cada momento.

Cuando Alejandro entró en Asia, llevaba diez días de abastecimiento de grano almacenados -tres libras por hombre/día y diez por caballo/día-. Hubiese necesitado 1.100 animales de carga para llevar 130 toneladas de grano -para 65.000 hombres, 6.100 caballos y los animales de carga correspondientes- y por ello, mantenía y transportaba esa carga en buques y seguía, siempre que podía, itinerarios cercanos a la costa y a los ríos (de donde podía, además, obtener el agua dulce necesaria para su ejército). Un navío podía transportar 400 toneladas de abastecimientos, es decir el equivalente a lo que podían portar casi 4.000 animales de carga -que a su vez consumían parte de los abastecimientos que llevaban-. Así que en su Fuerza integró una Armada, que no sólo estaba constituida por barcos de carga, sino también, de combate para defender aquéllos.

Un ejemplo de estrategia puramente terrestre que se expone en muchas ocasiones es la “napoleónica”. Sin embargo, Napoleón -en la primavera de 1805- cuando consideró la conquista de Inglaterra apostó sus fuerzas terrestres en la costa francesa, enfrente de la isla, y ordenó conjuntamente una campaña naval diseñada para ganar el control del canal y posibilitar la invasión. Para ello planeó una concentración naval en las Indias Occidentales, cuya tradicional riqueza había llamado la atención de los ingleses y franceses. Pensó que esa concentración atraería a las fuerzas navales inglesas dejando libre el Canal para la invasión de Inglaterra. El resultado, como es conocido, no tuvo éxito.

Pero un concepto es la estrategia militar conjunta y otro las operaciones conjuntas. Una “Fuerza Operativa Conjunta” (FOC) es una Fuerza compuesta por unidades pertenecientes a dos o más ejércitos que se constituye con el propósito de llevar a cabo una misión concreta.

El término Fuerza Conjunta indica una cierta entidad y así por ejemplo el PA-6 (Diccionario de términos militares de la NATO) ya definía como Fuerza Conjunta:“Término general que se aplica a una fuerza compuesta de unidades de entidad considerable....” y como Operación Anfibia Conjunta: “a la realizada por unidades considerables de dos o más fuerzas de una nación ...”

Uno de los factores que exige la necesidad de este tipo de organizaciones operativas, es que un solo componente no posee las características -o capacidades- necesarias para cumplir la misión asignada por sí solo. Por eso la inclusión de cada componente en la FOC, se justifica para ser empleado en aquellos cometidos para los que está más dotado y adiestrado, de manera que las acciones de cada uno supongan la potenciación y beneficio del conjunto y su falta se materializaría en la carencia de algo esencial, en la potencia de combate de la Fuerza Conjunta, para el cumplimiento de la misión. Pero no todas son ventajas en una Fuerza de ese carácter, también hay inconvenientes, entre los que no son desdeñables los relativos a las relaciones de mando, la necesidad de equipos de enlace o los derivados de la concurrencia de fuerzas con distintas mentalidades, equipos, procedimientos y otros. Es decir, como no puede ser de otro modo, hay que adecuar los medios a los fines y huir de la tentación de integrar unidades si su participación no aportase ningún beneficio al poder de combate de la fuerza, que debe ser adecuado y proporcionado - por economía de fuerzas y medios- a los objetivos asignados.

Hay ejemplos de esos que llamábamos en la EIM “elementales, simples e iniciales para una primera aproximación al concepto”. La Fuerza de Desembarco (FD) necesaria para la conquista de las Malvinas se constituyó -además de unidades de apoyo de combate, logísticas y otras- con nueve batallones. Fue, pues, una FD “Conjunta” porque “los Royal Marines” solo disponían de una brigada de tres comandos (batallones). Pero si se hubiese estimado que eran necesarios solo tres batallones, los designados serían -pido perdón por mi simpleza- los tres de Infantería de Marina, sencillamente porque son los “especialistas” en ese tipo de operaciones. Sería absurdo constituir una brigada con un batallón de Gurkas, otro de paracaidistas y un tercero de IM para realizar un asalto anfibio por superficie. En definitiva, “lo conjunto” no debe responder a la moda del momento -ni a repartir las “cargas y fatigas” entre todos los componentes-, sino a la necesidad de constituir una Fuerza “a medida” del objetivo a alcanzar, aportando cada componente unidades, medios o técnicas requeridas para el cumplimiento de la misión asignada, y que los otros no poseen. Y esto es tan elemental que ejemplos de éxitos “sencillos” no deben de conducir a obtener conclusiones erróneas.

Hoy los ejércitos tienen unos efectivos -por razones presupuestarias y otras- más reducidos que hace unos años y eso es también un factor que favorece “lo conjunto”. Pero una vez dicho todo esto hay que afirmar, también, que si uno solo de los ejércitos tuviese los medios, el adiestramiento, la mentalidad y la capacidad necesarios para el cumplimiento de una misión determinada, es ese ejército el más adecuado para cumplirla, porque facilita todo: relaciones de mando, mentalidad y adiestramiento, doctrina y procedimientos... e introducir, en la organización operativa de esa fuerza, algo que no le es esencial, en lugar de incrementar su potencia de combate la disminuye. Lo conjunto no puede ser un fin en si mismo.

Y un ejemplo, para meditar sobre lo expresado, es el reciente conflicto con Marruecos, en el que una Fuerza Conjunta, al mando de un almirante, ejecutó de manera impecable uno de sus típicos cometidos “...despliegue en la mar para disuadir con su simple presencia, sin vulnerar tratados ni fronteras, para aislar una zona y/o intervenir, a la orden, para.....” Y en esa fuerza operativa estaba integrada una unidad de Infantería de Marina idónea para realizar, en caso necesario, el cometido de recuperar el Islote Perejil. La unidad estaba en la zona y, desde luego, podía cumplir la misión con éxito sin ninguna duda; la unidad (UOE : Unidad de Operaciones Especiales del TEAR) le proporcionaba al mando de la Fuerza la posibilidad de proyectar el poder naval sobre tierra mediante operaciones especiales, pues disponía de medios y técnicas de infiltración, en territorio hostil, a elegir: lanchas neumáticas, lanchas semirrígidas, helicópteros, submarinos,... buceo, “fast rope”...; entre sus capacidades está, por encima de todas, la de llevar a cabo incursiones anfibias -sigilosas y por sorpresa- y puede presumir legítimamente de un adiestramiento total, en este tipo de operaciones, que empezó en el año 1957, fecha de la creación del Grupo Especial antecedente del TEAR). Cualquiera se quedaría admirado si conociese la cantidad de horas -de día, de noche, con frío, con calor, en bosque, en desierto, desde submarinos, desde helos...- que han dedicado estos Infantes de Marina a este tipo de adiestramiento, con un sacrificio sin límites, que les han proporcionado un reconocido y merecido prestigio.

miembros de la UOE equipados con NVG a bordo de un helo

Y cuando esto es así, se recurrió para cumplir la misión -me imagino que en beneficio “de lo conjunto”- a una unidad que exigió un desplazamiento lejano por medio de helicópteros, para introducirla en la zona de operaciones, y que, por tanto, ponía en peligro uno de los condicionantes de este tipo de operaciones: la sorpresa. La acción era una incursión anfibia “de libro” -realizada desde la mar, de noche y con sigilo, en embarcaciones neumáticas silenciosas...-. Y al decir esto no es permisible que nadie dude de toda la consideración a la eficacia de la unidad del ET, del reconocimiento al éxito de la misión encomendada y de la categórica convicción de que está preparada -en permanencia- para cometidos más difíciles y arriesgados. Y debo añadir también, al mencionar este ejemplo, que cuando el gobierno con gran iniciativa y en el momento oportuno hace frente, con decisión, a la ofensa marroquí, y la operación sale como era deseable, parece perverso e innoble emplearla como un agravio a las unidades de Infantería de Marina allí presentes. Pero no es así, pues no se podría hablar de este modo, y con sinceridad, si la acción hubiese constituido un fracaso. Porque, en definitiva, no se trata aquí del noble deseo de compartir sacrificios, peligros y fatigas, sino de idoneidad, oportunidad y capacidad. Porque... “no siempre está bien lo que bien acaba”.

Por cierto, en la acción principal de la operación -la toma del islote- intervino un equipo operativo de la BRIMAR, constituido por cinco Infantes de Marina, que se integró en el grupo de asalto del ET y le proporcionó, entre otras capacidades, la posibilidad de observar y conducir los fuegos navales y aéreos, de la que carecía. Se constituyó pues una “ pequeña unidad conjunta” innecesaria. La Unidad de Operaciones Especiales, de la Infantería de Marina, tenía esa capacidad y... estaba allí.

 

Fragata y patrulleros españoles en las aguas de Perejil


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