Soluciones imaginativas para la internacionalización

11/06/2012

Por Xoán Porto, editor de Revista Naval

Quien lea el título de esta columna se preguntará a qué viene esto de las "soluciones imaginativas", término que utilizaron con profusión tanto el actual JEMAD como su predecesor en sus comparecencias ante la Comisión de Defensa del Congreso para intentar describir las pautas de actuación ante la situación que enfrentan los ejércitos para encajar los sucesivos recortes presupuestarios.

Inserto interesadamente esa apelación a la imaginación en el ámbito de la "internacionalización" con que exhortan en los mismos diarios de sesiones los actuales responsables del ministerio a la industria de defensa española para superar el bache de encargos nacionales, que se prevé va para largo.

Una posibilidad que parece abrirse camino es la cesión de una fragata F-100 por motivos de oportunidad industrial

Traigo esto a colación de una interesante información que publicó La Voz de Galicia el pasado 8 de junio en su edición impresa, en la que aventura el probable traslado del AOR Cantabria a Australia en 2013 a petición de la Armada de dicho país. El desplazamiento del buque logístico español sería por un periodo no menor a 6 meses según el diario, y estaría enfocado a apoyar la acción comercial de la empresa Navantia en el país austral.

La información cita el antecedente del crucero de resistencia que realizó la fragata Álvaro de Bazán en 2007. Entonces la F-101 efectuó una circunnavegación con escalas de interés comercial en varios países, pero con énfasis en las visitas giradas a puertos australianos, cuya Armada decidía el diseño de sus futuros destructores de defensa antiaérea (AWD). La fragata española cumplió su cometido mostrando el concepto del buque como una realidad palpable y plenamente operativa dando fe de la capacidad del astillero en todas las fases del proyecto, incluyendo la construcción e integración de sistemas más allá de los tableros de diseño, lo que a la postre permitió a la empresa española adjudicarse un disputado contrato.

Un peculiar leasing

Abundando más allá de la información que ofrece el periódico gallego, el peculiar leasing del AOR Cantabria cumpliría al menos dos objetivos para los australianos, por un lado cubriría eventualmente la necesidad de un buque logístico, capacidad en la que son deficitarios, y por otro permitiría evaluar a fondo el desempeño del modelo de Navantia de cara a tomar una decisión para las futuras construcciones que vengan a sustituir al ya vetusto HMAS Success de su flota. Por su parte la Armada española podría mantener los niveles de operatividad del buque -los gastos del desplazamiento serían asumidos por el país austral- en un momento como el actual, con un panorama presupuestario poco halagüeño que restringe al máximo la conducción de actividades de adiestramiento y operación de las unidades de la Flota.

En la actualidad, y una vez dado de baja el AO Marqués de la Ensenada el pasado 31 de enero, la Armada española cuenta con dos buques de apoyo al combate, el A-14 Patiño y A-15 Cantabria. El AOR Patiño completó en abril una comisión de más de 5 meses de duración en la misión Atalanta contra la piratería.

Más soluciones imaginativas: cesión de fragatas F-100

La excursión austral del AOR Cantabria no sería sin embargo la única "solución imaginativa" que se baraja en Defensa para apoyar las exportaciones del sector naval militar. Aunque no aparece reflejada en la información citada, otra posibilidad que parece abrirse camino es la enajenación de un buque de la serie F-100, mediante la cesión en caliente de una fragata F-100 de la primera serie (Álvaro de Bazán) o mediante la entrega a un tercer país de la fragata F-105 Cristóbal Colón, primer y de momento único buque de la segunda serie, que se encuentra en avanzado estado de construcción por parte de Navantia.

Países como Arabia Saudí o Brasil, en los que estos días se desarrollan acciones comerciales de alto nivel en el ámbito de la defensa, centrarían el interés por una operación de este tipo. A pesar de la lógica reserva informativa que rodea este tipo de negociaciones podemos deducir que los casos serían sensiblemente distintos: la Armada saudí opera en la actualidad buques principales de procedencia francesa. Para mantener la dualidad en sus proveedores puede decantarse por la adquisición de sistemas de armas de origen norteamericano, en este sentido ha trascendido su interés por destructores dotados de AEGIS y buques de menor porte basados en el concepto LCS (buque de combate litoral) de la US Navy.

Las fragatas F-100 son buques que se hallan encuadrados un escalón por debajo de los destructores norteamericanos en cuanto a desplazamiento y potencia de fuego, pero prácticamente equivalentes en sus sensores principales y sistema de combate. En cuando al concepto LCS, se trata de buques que encajan en las características de la futura fragata F-110, o su variante para la exportación F2M2 de Navantia, que se halla en fase de definición.

Por su parte Brasil enfrenta un proyecto de potenciación de su flota, el programa Prosuper que incluye, además de la construcción de buques de escolta y patrulla, la vertebración de su tejido productivo local. Históricamente en el ámbito de la construcción naval militar el país había sido a duras penas capaz de desarrollar el ensamblaje de submarinos y la construcción local de buques de entidad corbeta, todos ellos de diseño alemán. Más recientemente la potencia sudamericana se embarcó en un ambicioso programa para la construcción de submarinos tipo Scorpène con la francesa DCNS, y a más largo plazo la reactivación del longevo proyecto SNB (Submarino Nuclear Brasileiro).

Aparte de los condicionantes geoestratégicos de Brasil, la Marinha afronta la necesidad perentoria de disponer de medios para articular el dispositivo de seguridad de los importantes compromisos internacionales que asumirá el país en breve plazo: el mundial de fútbol FIFA en 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. En este sentido, la forma más eficiente de contar con un buque de guerra dotado de un sistema de defensa antiaérea moderno sería incorporando un buque ya en servicio en alguna marina. Las fragatas F-100 en servicio en la Armada española están dentro del primer cuarto de vida operativa, no superando los 10 años de servicio la cabeza de la serie.

Implicaciones diplomáticas e industriales de una carambola a cuatro bandas

La cesión de una fragata de la Armada española por motivos de oportunidad industrial podría calificarse como solución imaginativa pero en absoluto novedosa. Ya a comienzos de los años 80 las dos últimas corbetas de las serie Descubierta fueron cedidas a Egipto sin haber llegado a enarbolar la bandera española.

La complejidad de la negociación para alcanzar un acuerdo de este tipo hace necesario poner de acuerdo no sólo a las empresas oferentes, en este caso Navantia y la norteamericana Lockheed Martin que mantienen una colaboración para concurrir en mercados internacionales, sino el establecimiento de acuerdos entre los estados y también entre las respectivas armadas.

En el plano presupuestario e industrial la enajenación de una fragata F-100 puede arrojar efectos positivos en el corto plazo, permitiendo librar fondos para la construcción de un nuevo buque de la segunda serie en su sustitución. Tratándose de un proyecto ya desarrollado, su prefabricación podría iniciarse en plazos relativamente breves contribuyendo de esta forma a paliar la baja ocupación actual de los astilleros estatales y desplazando el "problema" de la eventual entrada en servicio de unidades, que de otra forma estarían sujetas a un obligado repliegue de actividad debido a la constricción presupuestaria, para más adelante confiando en una coyuntura económica más favorable.