Malvinas: La batalla aeronaval (I)

Con las Georgias del Sur reconquistadas el grueso de la Flota británica, que había realizado una escala técnica para completar su entrenamiento y aprovisionarse completamente en la isla Ascensión, prosiguió su travesía con la misión de reconquistar sus Falkland

Los primeros miembros del SBS habían conseguido desembarcar en las islas para recoger todo tipo de información y marcar los posibles objetivos ante el eminente ataque aéreo de la RAF (Royal Air Force) y de los Sea Harrier procedentes de los dos portaaviones de la Royal Navy. Mientras tanto, los submarinos británicos seguían patrullando las proximidades del archipiélago en busca de buques argentinos.

Por Javier Sánchez

En los primeros días de mayo, ambos países, pusieron en marcha su potencial aeronaval. La Armada Argentina desplegó su flota formando dos grupos de combate.

El primero, compuesto por el portaaviones ARA 25 de Mayo y cinco buques de escolta, entre ellos, el D-2 ARA Santísima Trinidad, uno de sus dos destructores lanzamisiles de la clase Sheffield, curiosamente de procedencia británica y considerados, por ambas partes, como uno de los mejores buques de su tipo, fue desplegado al norte de las Malvinas con la intención de interceptar al grueso de la flota británica.

El otro grupo, formado por buques mucho más veteranos y de procedencia estadounidense, el crucero C-4 ARA General Belgrano, ex-USS Phoenix (CL46) y los destructores D-26 ARA Bouchard y D-29 ARA Piedra Buena, de la clase Allen M. Summer; fue desplegado al sur de las Malvinas con la intención de localizar a los buques de apoyo que pudieran venir desde el Pacífico.

El 2 de mayo de 1982, fue un día trágico y triste en la Armada Argentina que cambiaría el signo de la batalla. El grupo formado alrededor del portaaviones ARA 25 de Mayo había localizado, mediante uno de sus aviones de patrulla antisubmarina S2A Tracker, seis buques de la Royal Navy.

Mientras tanto, los tres buques desplazados al sur de las Malvinas habían recibido ordenes de seguir patrullando sin necesidad de penetrar en la zona de exclusión y a la expectativa de los resultados del ataque aéreo que se estaba preparando a bordo del portaaviones argentino.

El grupo norte puso rumbo hacia la flota británica al mismo tiempo que se supo que la capital de las Malvinas estaba siendo bombardeada. Todo estaba dispuesto cuando un repentino cambio de viento provocó una calma total, obligando al Mando argentino cancelar el ataque aéreo, ante la imposibilidad de largar los aviones.

El portaaviones argentino, requería un mínimo de 40 nudos de viento relativo, para garantizar el despegue de sus cazabombarderos A4Q Skyhawk cargados con seis bombas de 250 Kg. y combustible suficiente que asegurara un radio de acción en torno a las 240 millas.

Los problemas de propulsión que este portaaviones vino arrastrando a lo largo de su vida operativa condicionó, considerablemente, su rendimiento; a toda máquina y máximo rendimiento de su catapulta, los aviones podían despegar sin apenas carga bélica y con un radio de acción tan escaso que no resultaban operativos. Un Sea Harrier británico en misión de reconocimiento localizó a los buques argentinos eliminando, de esta forma, el factor sorpresa que jugaba a favor de la flota argentina. La señal radar emitida por el ARA Santísima Trinidad, recordemos que se trataba de un destructor de procedencia británica, había delatado la posición de los buques argentinos.

La imposibilidad de lanzar un ataque aéreo desde el portaaviones ARA 25 de Mayo y anulado el factor sorpresa, la flota británica tenía todas las ventajas a favor, pero aun quedaba uno de los golpes más dramáticos de la batalla y que desencadenó la retirada de la flota argentina, el hundimiento del crucero ARA General Belgrano.

Como hemos mencionado anteriormente, el grupo sur, compuesto por el ARA General Belgrano y los destructores ARA Bouchard y ARA Piedra Buena, se encontraban al sur de las Malvinas patrullando próximos a la zona de exclusión.

El submarino británico Conqueror, localizó a esta agrupación e informó de su posición. Las autoridades británicas no dudaron y autorizaron el ataque contra los buques argentinos a pesar de su posición, recordemos que se encontraban en aguas internacionales fuera de la zona de exclusión marcada por los británicos.

El comandante del submarino, lanzó varios torpedos contra el ARA General Belgrano, uno de ellos impactó por debajo de la sala de máquinas provocando una gran brecha y la inundación de varios compartimentos, el otro lo propio en la proa del buque.

Ante la confusión reinante, ambos destructores abandonaron el lugar precipitadamente. Algunas fuentes argentinas comunicaron que los destructores emprendieron una caza frenética del submarino, aunque así fuese, los sistemas de detección y armamento antisubmarino hubieran resultado del todo inútil por obsoletos y estado operativo.

Con la huida de los destructores del lugar de los hechos y el empeoramiento de la meteorología, lo único que se consiguió fue dramatizar el rescate de los supervivientes, algunos de ellos, tras superar el torpedeamiento del submarino británico murieron de frió o por las heridas sufridas en el ataque. El trágico resultado fue de más de trescientas víctimas causadas directamente en el hundimiento del crucero y como consecuencia del retraso del rescate.

Esta acción no pasó desapercibida, el polémico ataque británico desencadenó el rechazo internacional. Los británicos supieron elegir su objetivo, el ARA General Belgrano disponía de un sistema de armas obsoleto y poco fiable para la guerra naval moderna y su presencia en la zona no suponía una gran amenaza para la flota británica.

Sin embargo, el hundimiento de este buque produjo el efecto que buscaba la Royal Navy, un golpe moral y definitivo que pusiera de manifiesto la incapacidad operativa de la Armada Argentina. A esta pérdida se sumó otro ataque desproporcionado producido sobre la corbeta A-9 ARA Alférez Sobral cuando se encontraba, perfectamente identificado, realizando misiones de rescate de pilotos abatidos.

Este buque, recordemos que se trataba de un remolcador de altura de procedencia estadounidense con más de 40 años de servicio a sus espaldas, fue alcanzado por dos misiles antibuque Sea Skua lanzados desde un helicóptero, uno de los misiles impactó en el puente ocasionando graves daños y la desaparición del comandante y los siete tripulantes que allí se encontraban. Para entonces, la Junta Militar argentina había decidido retirar todos sus buques del teatro de operaciones ante la imposibilidad de hacer frente a la poderosa Royal Navy. Fue en este momento cuando se supo que el intento de reconquista de las Malvinas, por parte de estos impresentables  gobernantes, se trataba tan sólo una maniobra de entretenimiento.

Notas

  1. 30 años de Malvinas: ir a la parte VI. http://www.revistanaval.com/noticia/20120514-110010-malvinas-30-anos-despues-6/