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Opinión | Defensa

El campo de batalla de la «deuda» de Defensa

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29/07/2013

Por Xoán Porto, editor de Revista Naval

El 13 de agosto de 2011, un plácido y anodino —también en lo informativo— sábado de agosto, los lectores El País se desayunaban con la noticia que copaba la portada del rotativo madrileño. El titular era elocuente: «Defensa renegocia una deuda de 26.000 millones que no puede pagar».

Aparentemente contradictoria con los intereses de la Secretaría de Estado de Defensa de Constantino Méndez, la información se reveló en realidad como un cuidado movimiento estratégico de contención de daños del departamento de Carme Chacón, una demolición controlada para traspasar una poderosa bomba de tiempo heredada por todos y cada uno de los titulares de la cartera de Defensa, con independencia de su color político, desde los tiempos de Eduardo Serra.

Las cosas de la política hacían que en el Partido Popular nadie se mostrara dispuesto a heredar la leyenda negra de la «deuda de Defensa» que habían contribuido a crear en 1997. Una bola de nieve que —no es menos cierto— cada sucesor de Eduardo Serra, y también con independencia de su color político, se encargó de hacer cada vez más y más grande.

La idea del PP pasaba por endosar la factura política de la «deuda» a la última inquilina del número 109 del Paseo de la Castellana antes del traspaso de poderes que ya pronosticaban todas las encuestas, y que se verificó pocos meses después, tras las elecciones generales de noviembre de 2011, cuando el PSOE cedió el gobierno al PP tras una debacle electoral histórica.

Sin embargo, la jugada anticipatoria de Chacón surtió efecto, y la mal llamada «deuda de Defensa», a la que con más justicia cabría referirse como limbo presupuestario, fue trasladada cual maldición faraónica al actual titular del departamento Pedro Morenés quién, siguiendo también el folletinesco intercambio de papeles, tiene que defender hoy la gestión de las mismas trincheras frente a la oposición del grupo socialista que ayer las ocupaba.

La «deuda» de Defensa nació durante la primera legislatura del presidente Aznar, cuando los programas principales de armamento -EF-2000, fragatas F-100 y carro de combate Leopard- vieron amenazado su desarrollo debido a las dificultades de financiación. Para salvar el escollo se articuló un mecanismo contable que permitía financiar el desarrollo de los grandes programas por parte de la industria mediante la concesión de créditos reembolsables a interés cero por parte del Ministerio de Industria.

El largo proceso de obtención del armamento permitía —o así se quería creer— posponer los pagos por parte de Defensa hasta la entrada en servicio del material, programando la devolución de los préstamos de Industria por parte de los proveedores solapados con los pagos que habría de afrontar el Ministerio de Defensa a la recepción de los equipamientos. El sistema se edificaba sobre la previsión optimista de un aumento proporcional y sostenido del presupuesto de Defensa, dejando por tanto para ese futuro —que se preveía próspero— el problema de cómo pagar la cuenta.

A pesar de las interrogantes que ofrecía el mecanismo, fue perfeccionado para incluir nuevos programas, de menor entidad en algunos casos, pero en mayor número, bajo el nombre de programas especiales de armamento y material (PEA). El sistema fue asumido durante las legislaturas del presidente Zapatero, en las que el presupuesto vivió un crecimiento constante hasta alcanzar máximos históricos en 2008. A pesar de ello se tomaron medidas como retrasar el comienzo de los pagos, y durante los últimos años de la segunda legislatura, ya inmersos en la crisis económica, se minimizó la aportación en los presupuestos de la dotación del capítulo de inversiones en estos programas.

La crisis económica prolonga hoy sus efectos en el peor momento para Defensa que debe hacer frente a los pagos mientras las empresas proveedoras devuelven los créditos al Tesoro, justo cuando los presupuestos del Estado sufren los mayores recortes de la historia reciente para dar cumplimiento al objetivo nacional de déficit.

Este es el contexto en el que el Ministerio está adoptando medidas como quemar los muebles para alimentar la caldera de la Defensa, reduciendo adquisiciones, enajenando material ya entregado, o retrasando en lo posible las nuevas entregas para llegar —si se puede vivos— más allá de 2015. Y entonces ya veremos.

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