Por Javier Sánchez
A principios de 1998 entraba al servicio de la Armada española
el buque de intervención subacuática «Mar Rojo» (A-102).
Gracias a sus prestaciones y equipamiento para realizar inmersiones
a grandes cotas, este buque, posteriormente bautizado como buque de salvamento y rescate «Neptuno»
(A-20), es actualmente uno de los principales buques para este tipo de misiones existentes
entre las marinas europeas.
Adqusición del buque.
En diciembre de 1988, la Armada Española adquirió dos buques
civiles proyectados para misiones de apoyo en alta mar a plataformas petrolíferas. Estos
dos buques, llamados Amapola y Amatista, fueron construidos en
los astilleros gijoneses de Duro Felgera en 1975. La adquisición de estos buques de
debió principalmente por sus enormes características, gran estabilidad, potencia,
amplios espacios en cubierta y un buen precio de compra.
Fueron bautizados como A-101 Mar Caribe (ex-Amatista)
y A-102 Mar Rojo (ex-Amapola), entrando en servicio a principios de
1989. El primero de ellos fue destinado en Cádiz como buque auxiliar de apoyo, mientras
que el segundo buque se asignó al Centro de Buceo de la Armada (CBA) en la Estación
Naval de la Algameca que, por aquellas fechas había desarrollado un proyecto de
investigación de tecnologías subacuáticas denominado Bentico-200. Para este
proyecto era necesario la obtención de un buque capaz de transportar todos los equipos
necesarios para realizar inmersiones de hasta 100 metros de profundidad mediante
buceadores, 120 metros excepcionalmente, y de hasta 500 metros de profundidad mediante un
vehículo de control remoto. Se pensó en la cesión de uno de estos buques,
principalmente por disponer de aproximadamente 350 m2 de espacio en cubierta,
motivo por el cual, lo hacían muy apto para la realización de dicho proyecto.
Larga transformación.
El recorte presupuestario originado por el conflicto de la Guerra del
Golfo en 1991, de nefasto recuerdo para la Armada española, desencadenó la paralización
de todo tipo de proyectos, así como nuevas construcciones muy necesarias por aquellas
fechas. Entre los proyectos paralizados se encontraba el Bentico, cuando todavía
se estaban realizando los trabajos de definición del proyecto y no habían comenzado aun
los trabajos de transformación del buque.
Durante esta paralización se siguieron realizando
estudios sobre la transformación y reparación del buque que, entre otras, incluían el
aumento de zonas para la habitabilidad de la dotación y la transformación de espacios
para los diferentes equipos.
Finalmente y después de muchos esfuerzos, se autorizó el inicio de
las obras de transformación, tras haberse incluido dicho proyecto en los presupuestos de
1996. El buque entró en la grada de la entonces Empresa Nacional Bazán (hoy Izar) de
Cartagena en noviembre del mismo año.
El Mar Rojo fue sometido a una transformación total
durante un periodo cercano a los dos años, convirtiéndose en una excelente plataforma,
capaz de realizar todo tipo de trabajos subacuáticos, ya sean de ámbito militar
incluyendo la desactivación de explosivos los rescates y salvamentos, así como el
auxilio a submarinos accidentados; como la colaboración con entidades civiles a través
de la UIS (Unidad de Investigación Submarina) y la Universidad de Murcia, apoyando a
biólogos y científicos en la observación y estudios del fondo del mar.
Equipos y sensores para las operaciones subacuáticas.
En lo referente a equipos de buceo, el buque cuenta con una amplia
capacidad operacional. Para inmersiones de poca profundidad, hasta 50 metros, dispone de
todo tipo de equipos de buzo clásico y de buzo autónomo dotados de trajes secos, cascos
X-Lite y máscaras de gran profundidad Comex Pro.
Para realizar trabajos con buceadores hasta los 120 metros de
profundidad cuenta con un complejo hiperbárico de saturación, compuesto por una torreta
de buceo, túnel de transferencia y 2 cámaras hiperbáricas. Este sistema funciona de la
siguiente manera: los buzos, una vez equipados completamente, son introducidos en las
cámaras hiperbáricas donde son sometidos a la descompresión adecuada, semejante a la
que se encontraran en la zona de inmersión. También se les adapta la respiración
mediante la mezcla de gases respirables (helio, oxígeno, nitrógeno) a través de un
generador de atmósfera asistido informáticamente desde un laboratorio. Una vez
finalizado el proceso de adecuación, acceden a una torreta o campana de buceo mediante el
túnel de transferencia sin que se vea alterada la presión a la que han sido sometidos
los buzos.
La campana de buceo, de siete toneladas de peso y
capacidad para tres tripulantes, cuenta con un equipo completo de intercomunicaciones para
ir dando las novedades al buque, también dispone de varios ojos de buey asistidos por
potentes focos para la observación exterior.
Es estibada al mar mediante un cable, como si se tratase de una
ascensor submarino, una vez que se llega a la cota de trabajo, los buzos descienden de la
campana unidos por un cordón umbilical, donde se encuentran los tubos de respiración y
cables de comunicaciones que, a su vez, están unidos al buque, donde son abastecidos de
la mezcla de gases respirables necesaria para continuar sin problemas su labor.
El buque cuenta con un sistema de fabricación, recuperación,
almacenamiento y distribución de gases. Debido al elevado coste de alguno de estos gases,
sobre cubierta se han instalado dos enormes depósitos para el almacenamiento de los gases
recuperados que, tras su análisis y regeneración pueden ser nuevamente utilizados.
Para las inmersiones a gran profundidad -imposibles de realizar con
buzos- el Neptuno dispone de un robot submarino dirigido por control remoto,
capaz de realizar trabajos a 500 metros de profundidad. El ROV Scorpion-03, se
encuentra situado a popa del buque. Dispone de una grúa-puente para ser introducido en el
agua.
Este robot cuenta con un equipamiento muy completo que comprende:
cámara de vídeo submarino; sonar; y dos brazos articulados de precisión capaces de
hacer todo tipo de trabajos, incluso la instalación de cargas explosivas. La tripulación
del Neptuno le tienen un gran aprecio porque les ha sacado de más de un
apuro, por ese motivo han decidido bautizarlo como "Curro".
Para una perfecta utilización de estos medios de
inmersión, el Neptuno cuenta con un sistema de estabilización y fondeo a
cuatro boyas. Este sistema permite un posicionamiento vertical preciso sobre la zona de
trabajos mediante cuatro anclas, evitando así el desplazamiento del buque en situaciones
de mala mar, fuerte viento o corrientes marinas.
El equipamiento electrónico está compuesto por dos radares de
navegación, Raytheon Pathfinder y Koden B-711; dos GPS (Global Position System), uno del
tipo diferencial Leica MX-412, y otro Apelco GLX-1100; una pareja de sondadores, Furuno y
Simrad; un magnetómetro de protones; y un radiogoniómetro Hoden 4S-538.
Para la localización de objetos en el fondo, cuenta con un sonar de
barrido lateral Klein (denominado PEZ) capaz de localizar objetos en un área de 1.000 m2;
Equipos de videos submarino; fotografía submarina; y circuito cerrado de televisión.
Dispone de una amplia gama de equipos de comunicaciones submarinas y de
superficie, equipos de telefonía y fax. Para las comunicaciones vía satélite está
dotado del sistema INMARSAT-M.
Características técnicas del buque.
El Neptuno desplaza 1.800 toneladas a plena carga,
disponiendo de una reserva de crecimiento de unas 600 toneladas más. Una de las
transformaciones que se realizaron fue el recorte de la eslora, por la eliminación de una
pequeña carena, quedando en 57 metros; 11,6 metros de manga y 4,1 metros de calado.
Cuenta con la propulsión original, compuesta por dos
motores diesel Burmeister Wain Alpha 18 V-23/30 de 2.350 caballos de potencia cada uno que
impulsan al buque mediante dos hélices a una velocidad de 12 nudos con una autonomía de
6.000 millas a una velocidad de 10 nudos. En la proa se encuentra un propulsor auxiliar
compuesto de un motor eléctrico Alconza de 350 caballos de potencia.
La dotación está integrada por el comandante, siete oficiales, once
suboficiales y una treintena de cabos y marineros, además cuenta con algún miembro
especialista en Medicina Subacuática del CBA.
Misiones.
En su corta carrera operativa, este buque ya ha tenido que participar
en misiones de salvamento y rescate, como la protagonizada a principios de 1998 en aguas
de Cartagena durante el desarrollo del ejercicio MAR-21, donde tubo que rescatar al piloto
de un Harrier de la Armada que se precipitó al mar tras chocar, posiblemente con
un ave. El alférez de navío D. Angel Marco Fernández, falleció en el acto, siendo
rescatado el cadáver del interior de la cabina por miembros de CBA.
Conclusiones.
Desde la entrada en servicio del Neptuno, la Armada española
cuenta con uno de los mejores buques de salvamento y rescate de Europa.
Es un buque de vital importancia para el Arma submarina, pues está
capacitado para el auxilio de submarinos en caso de accidente, no sólo se podrían
reparar los desperfectos estructurales mediante lanzas térmicas de soldadura u otros
equipos con los que cuenta el CBA, sino que también estaría capacitado para suministrar
oxígeno hasta la total reparación o la llegada de una unidad de rescate capaz de evacuar
a toda la tripulación.
Javier Sánchez.
Para saber más:
http://www.mde.es/mde/fuerzas/armada/armada12.htm
http://www.iespana.es/buzo22/simposium/cba.html