LA
OPERACION CHAPAPOTE SEGÚN LA RGM
"Las
Historias de Blimdanet" reproducen en esta ocasión un artículo
aparecido en la Revista General de Marina de abril de 2003 donde se
cuenta detalladamente cómo se vivió la crisis de la catástrofe
ecológica protagonizada por el petrolero Prestige que asoló
las costas de Galicia a finales de 2002 y cuyas consecuencias se siguen
sufriendo hoy día.
Lejos
de histéricas o interesadas manipulaciones a las que ha sido
sometida esta catástrofe por parte de muchos, vamos a asistir
a la amena y reveladora lectura de un artículo muy detallado,
clarificador y que relata los duros trabajos de marineros, alumnos,
e infantes de marina, cuyos contingentes han sido los únicos
de las FAS en estar de forma permanente e ininterrumpida en la zona
desde el mismo comienzo de la llegada de mareas negras a la costa gallega.
A
mediados de mayo de 2003, un contingente de infantes de marina del Tercio
de Armada continúa con las tareas de limpieza del chapapote,
mientras sus compañeros están en Iraq, Bosnia, a bordo
de fragatas, o de maniobras OTAN.
OPERACION
CHAPAPOTE
CA
D. José María Treviño Ruíz
CHAPAPOTE,
extraño vocablo raramente oído antes y tan popular ahora
a raíz del hundimiento del petrolero Prestige, según el
Diccionario de la Real Academia Española significa asfalto más
o menos espeso que se halla en México y las Antillas. En una
segunda acepción es sinónimo de alquitrán, que
a su vez es definido como producto obtenido de la destilación
del petróleo. Hasta el 13 de noviembre, fecha de aparición
del infortunado petrolero en aguas de la Zona Económica Exclusiva
(ZEE) española, ninguno de los componentes del recientemente
constituido Grupo de Unidades de Proyección de la Flota (GRUFLOT),
Tercio de Armada (TEAR), Flotilla de Aeronaves (FLOAN) y Unidad Especial
de Buceadores de Combate (UEBC), ni las unidades ubicadas en la Zona
Marítima del Cantábrico, podían sospechar que su
vida iba a estar íntimamente ligada en los próximos tres
meses con este extraño y repelente compuesto, que en Cartagena
denominan galipote, en Galicia piche y en las playas gaditanas, sencilla
y llanamente alquitrán.
La catástrofe
En
las primeras horas de la tarde de ese fatídico 13 de noviembre,
un viejo petrolero monocasco de 26 años y de nombre Prestige,
abanderado en Bahamas con matrícula de Nassau, procedente de
Letonia, a donde había llegado desde San Petersburgo y con destino
Gibraltar, lanzaba un SOS a 30 millas al norte de Finisterre. Su capitán,
Apostolos Mangouras, de origen griego, comunicaba por radio que había
sentido un impacto muy fuerte en el costado de estribor.
Posiblemente
un tronco a la deriva o un golpe de mar había abierto una brecha
en el casco del petrolero, debilitado por el paso de los años,
con el resultado de una gran vía de agua que afectaba a dos tanques
de combustible de la banda de estribor. Esta vía de agua había
producido además una escora de 15 grados a estribor, lo que junto
con el temporal existente ponía en peligro la carga de 77.000
t de viscoso fuel. Dos horas después de la llamada de socorro,
dos helicópteros de salvamento basados en Galicia, Pesca 1 y
Helimer, conseguían rescatar a 1730 horas en medio del temporal
a siete y diecisiete tripulantes filipinos, respectivamente, es decir,
a toda la dotación menos al capitán del petrolero, al
jefe de máquinas y al primer oficial, que se quedaban a bordo
para negociar e intentar coordinar la operación de salvamento
del buque. Con tan exigua dotación se intentó adrizar
el buque, cosa que se consiguió casi totalmente, parando además
sus motores principales para evitar un sobreesfuerzo en la obra viva
del petrolero que ya empezaba a perder fuel.
En
el entreacto comenzaron las negociaciones para remolcar el buque: el
capitán solicitaba que se metiera en puerto o en una ensenada
resguardada, pero la orden de las autoridades competentes era la de
alejarlo para evitar que contaminase las costas españolas. Una
flotilla de remolcadores fue llegando: Ría de Vigo, Ibaizábal
I, Charuca Silveira y Sertosa 32. Al principio el capitán se
negaba a ser remolcado hacia alta mar en medio de la tempestad del NW,
pues no quería que su carga, valorada en 60 millones de euros,
se perdiese. Se le amenazó con enviar a la Guardia Civil, y la
amenaza surtió efecto. Ya de noche cerrada se comenzó
a dar la maniobra de remolque, pero todos los esfuerzos son baldíos
y al amanecer la mar y el viento han acercado al moribundo petrolero
a tan sólo cuatro millas del pueblecito coruñés
de Mugía.
El
jueves día 14 de noviembre, se pone en marcha el «Plan
Vizcaya», un plan de intervención francoespañol
para el caso de un siniestro en el Cantábrico, que implica el
ofrecimiento a la Sociedad Estatal de Salvamento Marítimo, SASEMAR,
de medios navales y aéreos franceses, por lo que el remolcador
galo Ailette, con medios anticontaminación, se dirige a Finisterre
para intentar recuperar parte del hidrocarburo derramado, que ya ha
formado dos grandes manchas que se aproximan a los cabos Villano y Touriñán,
amenazando Mugía.
Ese
mismo día, el armador del buque llegaba a un acuerdo con la compañía
de salvamento holandesa Smit Salvage, la misma que reflotó el
Kursk, para que se hiciese cargo de la operación de rescate.
Los holandeses se plantearon dos alternativas: trasvasar el combustible
en alta mar a otro petrolero o bien meter al Prestige en un puerto cercano,
La Coruña y, si esto no fuera posible fondear en una ría
gallega protegida, Corcubión o Ares. Las autoridades civiles
se oponen a esta segunda opción porque supondría un desastre
total para el puerto o ría de acogida, pero la primera alternativa
parece factible gracias a la mejoría notable del tiempo, aunque
faltaba encontrar un buque que recibiese la carga.
Al
final, las autoridades españolas, que incluso barajaron la posibilidad
de bombardear el buque con aviones F?18 o Harrier para provocar la incineración
de toda su carga, deciden alejar el petrolero de las costas gallegas,
por lo que los remolcadores Ría de Vigo y Sertosa 32 le dan al
fin remolque, e incluso los técnicos de Salvamento Marítimo
logran poner los motores en marcha a 1530 horas, en contra de la opinión
del capitán y del jefe de máquinas, el también
griego NikoIaos Argyropoulaos, que no coopera en ningún momento.
De esta forma el Prestige comenzó a navegar a seis nudos cuando
se encontraba a 25 millas de cabo Villano, para poder alcanzar cuanto
antes la distancia mínima de seguridad ordenada de 120 millas
de la costa española, hecho que es atentamente seguido por la
fragata Cataluña que se encuentra en las proximidades. Sin embargo,
el temporal arreció de nuevo y la grieta se convierte en una
enorme brecha de 40 metros de longitud por la que mana abundante fuel,
lo que obliga a parar los motores para evitar que las vibraciones terminen
de fracturar del buque. En la tarde del viernes 15, el equipo holandés
de Smit Salvage, así como el capitán, jefe de máquinas
y el primer oficial, abandonan el buque, siendo trasladados al aeropuerto
de Albedro, La Coruña, donde la Guardia Civil detiene al capitán
por desobediencia a la autoridad y un posible delito contra el ecosistema
marítimo.
El
sábado 16, con los vientos de componente norte, la primera marea
negra llega a las playas, y unas 6.000 t de fuel contaminan una longitud
de 190 Km. de la costa gallega, afectando a toda la Costa de la Muerte.
| En esos momentos
el Prestige se encontraba a tan sólo 48 millas de la costa
española. Es en este punto cuando arriba el enorme remolcador
chino De Da, que con sus 21.500 CV de potencia, superaba con mucho
a los otros cuatro remolcadores, por lo que tira del petrolero hacia
el sur, hacia aguas de Portugal, pero la corbeta Joao Coutinho,
despachada por las autoridades lusas, obliga al remolcador a virar
hacia el norte alejando el peligro de la costa portuguesa. Finalmente,
el desgraciado petrolero se parte en dos y se hunde el día
19 a unas 130 millas de distancia de la costa gallega, a la altura
de las islas Cíes, después de recorrer en su lenta
agonía 243 millas y haber resistido a flote seis interminables
días sometido a los embates de los temporales del Atlántico. |
 |
La Armada
inicia la operación contra la contaminación
El
lunes 18, día anterior al hundimiento, unos 160 efectivos de
la Escuela «Antonio de Escaño» y de la de Especialidades
Fundamentales de La Graña, Arsenal de Ferrol y Tercio Norte,
se desplazaron a las playas de Malpica, Cayón y Camelle para
comenzar su limpieza. El 19 se refuerza este contingente con 37 alumnos
de la Escuela Naval Militar, y el 22 se amplía el área
de actuación a la playa de Barragán con 50 marineros e
infantes de marina del Arsenal de Ferrol y el Tercio Norte. Paralelamente
la fragata Andalucía, que se encontraba en Vigo participando
en los ejercicios GRUFLEX 02, se hace a la mar para establecerse en
patrulla en el dispositivo de separación del tráfico marítimo
de Finisterre; para controlar el paso de petroleros y buques con mercancías
peligrosas, con más de 15 años de edad y monocascos, dentro
de la ZEE española y en el marco de medidas adoptadas por Francia
y España para prevenir este tipo de catástrofes, desviando
el día 30 el petrolero maltés Moskovsky Festival, que
cinco días más tarde entraría en Gibraltar.
La
llegada de la mancha de fuel producida por el Prestige en su lento deambular
desde el punto donde se parte en dos hasta las costas gallegas provoca
una segunda marea en la Costa de la Muerte en la noche del 30 al 1 de
diciembre. Inflexible, la enorme mancha prosiguió su fatídica
derrota que los vientos del NW derivaron hacia el sur. El día
1 de diciembre llegaba al puerto de Vigo el buque francés Atalante,
que portaba al batiscafo Nautile, que junto con su robot Robin se harían
famosos en 1995 tras el descubrimiento y posterior exploración
del trasatlántico Titanic. El Nautile tendría una destacada
actuación al bajar a 3.600 m de profundidad para comprobar el
estado del Prestige y posteriormente sellar 17 de los 20 orificios por
donde perdía fuel.
El
lunes día 2, S. M. el Rey Don Juan Carlos realizó una
visita a las zonas más afectadas, los municipios de Mugía
y Lage, donde fue recibido con los aplausos y vítores de los
vecinos que agradecieron su presencia e interés por lo que estaba
pasando: « ... todos tenemos que arrimar el hombro, todos como
en Fuenteovejuna tenemos que unirnos ... », fue el mensaje de
S. M. a los voluntarios que trabajaban en Mugía.
El
día 3 de diciembre el viento del NW y la corriente facilitaron
la deriva de la mancha hacia el SE, lo que afectó principalmente
a las hasta ahora impolutas Rías Bajas, si bien pararon el golpe,
cual pétreas cancerberas, las islas Cíes, Ons, Onza y
Sálvora, pertenecientes al recientemente constituido Parque Natural
de las Islas del Atlántico, quedando terriblemente dañadas
por miles de toneladas del viscoso fuel. En ese momento ya había
178 playas contaminadas en Galicia, 18 de ellas en situación
de extrema gravedad.
Del
Estado Mayor de la Armada llegó la orden a la Flota, el día
5 de diciembre, de alistar el Grupo de Unidades de Proyección
de la Flota (GRUFLOT), junto con efectivos del Tercio de Armada, una
UNAEMB de la Flotilla de Aeronaves y un destacamento de la UEBC. En
menos de 24 horas el Galicia, Pizarro, 650 infantes de marina del TEAR,
dos helicópteros AB-212 y dos SH-3D, tres embarcaciones de desembarco
LCM-8 y una LCM-1E con sus respectivas dotaciones, y una sección
de la UEBC, estaban listos para salir a la mar, gracias a que se habían
programado unas maniobras anfibias en Almería para el día
10, por lo que la Fuerza de Desembarco (FD) sólo tuvo que variar
la composición de vehículos que llevaba, añadiendo
más material de zapadores. Así, en las primeras horas
de la tarde del día 6, los dos buques cargados a tope de pertrechos
para la lucha contra la contaminación, gracias a la rápida
y eficaz gestión del Arsenal de La Carraca, salen a la mar, izando
la insignia de COMGRUFLOT el Galicia, que lleva también a su
Estado Mayor, junto con el mando de la FD y su Plana Mayor. A su vez
el Pizarro transporta 200 infantes de marina, vehículos pesados
y las valiosas embarcaciones supercat, que le servirán para acceder
a las calas rocosas.
En
la mañana del día 8 de diciembre, festividad de la Inmaculada,
ambos buques, con unas 1.200 personas a bordo, llegaban al puerto de
Vigo, y tras las presentaciones de rigor al almirante jefe de la Zona
Marítima del Cantábrico (ALCANT) en Ferrol, subdelegado
del Gobierno en Pontevedra, alcalde de Vigo y director del Parque Nacional
de las Islas del Atlántico, se fijó el trabajo a realizar
y los cometidos asignados, que en esencia eran descontarninar la costa
de las islas Cíes en la ría de Vigo, Ons y Onza en la
de Pontevedra y Sálvora en la ría de Arosa. Naturalmente
esta tarea sería en coordinación con el personal de parques
que se encontraba en cada isla, y que a su vez controlaban el trabajo
de los voluntarios que los fines de semana, sobre todo, llegaban a las
islas. Estaba claro que la labor del GRUFLOT y de los medios embarcados
era eliminar el chapapote de aquellas playas y costas que no eran accesibles
desde tierra, y que gracias a su capacidad anfibia podían alcanzar.
Además de las islas mencionadas, la playa de Amela, próxima
a cabo Finisterre y sin acceso por tierra, le fue asignada por ALCANT,
tarea a la que fueron destacados 200 infantes de marina, al mando de
un teniente coronel, partiendo por carretera el día 9 en un convoy
militar con todos los pertrechos necesarios para vivaquear en el pueblo
de Finisterre.
 |
Ese
mismo día, y tras un reconocimiento en helicóptero de
todas las islas, el Galicia con 250 infantes de marina, quedó
basado en Vigo, para trabajar en las Cíes, mientras que el Pizarro,
con los 200 restantes, quedaría en el futuro basado en la Escuela
Naval para reducir los tránsitos a Ons y Onza, aprovechando así
el apoyo de sus instalaciones.
El
primer reconocimiento a pie de la isla del Norte o Monteagudo, de las
Cíes, fue descorazonador. La llegada al embarcadero de la playa
de Rodas, que une la isla del Faro con la del Norte, mostraba un arenal
prácticamente intacto en su belleza, con una arena blanca que
en verano hace las delicias de todo el que llega a estas islas paradisíacas.
Pero esta imagen duraba poco; nada más cruzar las dunas protegidas
hacia el norte se llegaba a la playa de Figueira que ya había
sufrido los embates de la marea negra. Allí se amontonaban centenares
de sucios contenedores repletos de chapapote que los voluntarios habían
llenado el fin de semana anterior, colocados en el más absoluto
de los desórdenes, amén de la playa contaminada otra vez
por el flujo y reflujo de la marea que transportaba alquitrán.
Con la preocupación lógica de la difícil tarea
que se avecinaba, la siguiente visión fue realmente espeluznante.
Siguiendo hacia el norte la playa de Cantareira o de Los alemanes -llamada
así porque fueron los primeros en descubrirla para el nudismo-,
era un lago infecto de alquitrán, donde pescadores metidos hasta
la cintura braceaban el chapapote con capazas para meterlos en sus gamelas.
De la simple inspección de esta cala de unos 60 metros de anchura
por 50 de longitud y una profundidad media de medio metro de aguas negras
contaminadas, se desprendía que había que recoger ¡1.500
toneladas de chapapote a brazo!
En
esta playa, además de los pescadores, se encontraba un grupo
bastantes numeroso de voluntarios, unas 200 personas, que mascullaba
su descontento por la falta de medios para recoger el chapapote y la
tardanza de la Armada en llegar. Tras un parlamento con los cabecillas
de las protestas, las aguas volvieron a su cauce, si bien solicitaron
que los infantes de marina abrieran un acceso a la playa para intentar
mecanizar en lo posible la retirada de los contenedores, tarea imposible
hasta el momento. Así se haría más tarde, pero
para ello era necesaria la maquinaria pesada de zapadores transportada
en el Galicia: bulldozers, carretillas, horquillas elevadoras, hummers,
etc.
Todo
este material debía ser llevado a la playa por medio de las lanchas
tipo LCM, que al inundarse el dique del Galicia, salían navegando
con todo el material y personal a bordo. Y aquí comenzaron los
infortunios, pues para los no iniciados es conveniente apuntar que si
bien los LPD Galicia y Castilla son buques modernos y bien diseñados
para las operaciones anfibias, y la Infantería de Marina española
está al mismo nivel que las mejores del mundo, otra cosa son
las embarcaciones del Grupo Naval de Playa, condenadas al olvido durante
años y piezas fundamentales en las operaciones anfibias. La llegada
de la primera LCM a la playa cargada de material, y con unos 20 periodistas
esperando en la playa de Figueira tomando la escena, fue digna de la
ley de Murphy. La rompiente y la dirección del viento no coincidían;
además, en el momento de la varada el viejo y renqueante motor
de estribor se paró. Resultado: la embarcación se atravesó
en la rompiente, y su patrón, un joven cabo de maniobra, era
incapaz de sacarla de la varada. Afortunadamente un pesquero que se
encontraba cerca pudo darle un remolque por largo y enderezarla. Al
día siguiente, un diario vigués sacaba un exagerado titular:
"Jornada negra para la Armada".
Una
invitación a los redactores de este periódico para presenciar
las operaciones en los días siguientes sirvió para enmendar
el entuerto, es más, hay que reconocer que el tratamiento de
los medios de comunicación social en todo el tiempo que duró
la comisión fue impecable, habiendo días en que se salía
a la mar con más de 40 periodistas a bordo, a los que, con el
apoyo de la ORP del AJEMA, siempre se les dio el máximo de facilidades,
incluso albergando el Galicia, la realización completa de tres
telediarios de TV 1.
La
situación en la isla de Ons era aún peor que en las Cíes.
Si bien la isla de Onza había escapado casi indemne al embate
de la segunda marea negra, todas las playas y rocas de la costa oriental
de Ons, es decir, la que da a la ría de Pontevedra, estaban terriblemente
contaminadas, añadiendo una dificultad más: una cadena
de bajos impedía la varada de las lanchas LCM, por lo que había
que barquear a un muellecito de Ons a los efectivos por medio de las
lanchas LCPL del Pizarro, que fondeaba todos los días a 400 yardas
del muelle. Gracias a una pareja de vehículos hummer, que desembarcó
en la isla un catamarán civil, se agilizó bastante el
traslado de los contenedores repletos de chapapote desde la playa donde
se trabajaba hasta el muelle, donde eran evacuados a Bueu por medio
de pesqueros provistos de una grúa para cargar y descargar los
pesados contenedores.
En
las Cíes el modus operandi era más sencillo, pues las
LCM -cuyos patrones enseguida captaron las singularidades de las rías
gallegas, varando en todo momento sin tener en cuenta la altura de la
marca-, eran de gran ayuda para retirar los contenedores llenos de chapapote,
contenedores que se llevaban a una gran gabarra de la Capitanía
Marítima de Vigo que, dotada de una grúa, engullía
toneladas de chapapote que luego iban a depositar a Cangas o al muelle
de Bouzas.
La
coordinación al más alto nivel de todas las tareas de
limpieza de las costas gallegas y cántabras corría a cargo
del CECOPI (Centro de Coordinación Operativa Integrado) que,
ubicado en la Torre de Control de Salvamento de La Coruña, dependía
directamente del vicepresidente 1º del Gobierno, estando representados
en este comité los ministerios de Defensa, Presidencia, Medio
Ambiente, Fomento, Asuntos Exteriores y Defensa, con oficiales del ALCANT,
COMGRUFLOT y la FD, que se sentaban diariamente en este foro y que comunicaban
las intenciones para el día siguiente.
Ante
la alarma creada por una tercera marea negra procedente del lugar del
hundimiento y que podía afectar a las costas del Cantábrico,
el Pizarro fue destacado brevemente primero a Gijón y más
tarde a Santander, donde apenas permaneció 24 horas en puerto,
pero dados los escasos daños sufridos en las costas cántabra
y asturiana, y el bajo rendimiento de la limpieza de sus playas, pues
mientras apenas sacaban unos cientos de kilos de chapapote -mientras
en Galicia se sacaban toneladas-, el CECOPI decidió que regresase
a las Rías Bajas el sábado día 14, reintegrándose
a la limpieza de la isla de Ons, en coordinación con la Escuela
Naval Militar, cuyos alumnos y profesores participaban diariamente en
la misma labor.
A
veces llegaban por otras vías peticiones de asistencia; así,
el presidente de la Diputación Provincial de La Coruña,
solicitó la limpieza de la isla de Vionta, próxima a la
de Sálvora y, como ella, difícil de abordar desde la mar.
Y es aquí donde entra la meritoria labor de la UNAEMB del Galicia.
Diariamente los dos helicópteros SH?3D transportaban infantes
de marina a las islas de San Martín, Ons, Sálvora y Vionta,
de acuerdo con las tareas a efectuar. Así, en la isla de San
Martín hubo que evacuar los contenedores llenos de chapapote
allí ubicados, labor que realizaron gracias a su gancho baricéntrico
los dos helicópteros AB-212, y tras una semana de trabajo dejaron
la playa limpia. En Sálvora, con una costa sucia y llena de rompientes,
la contaminación era más reducida que en Ons o en las
Cíes, por lo que el día 16, y gracias al regreso el día
14 de los infantes de marina destacados en Amela, se pudieron intensificar
los trabajos en las islas y finalizarlos en San Martín y Sálvora.
En
la muy cercana Vionta, también en la ría de Arosa, los
voluntarios habían recogido unos 60.000 Kg. de chapapote que,
al no tener contenedores, depositaron sobre la hierba, por lo que el
trabajo de los infantes de marina fue doble, al tener que recoger unos
1.000 sacos de chapapote, descontaminando al mismo tiempo la superficie
de la isla. El día 19 un helicóptero AB?212 transportó
a la ministra de Sanidad, Ana Pastor, desde el aeropuerto de Peinador,
Vigo, al Galicia. Una vez abordo y después de visitar la enfermería,
donde días antes había sido asistido y posteriormente
evacuado un marinero del pesquero Ángel del Señor, la
ministra se trasladó a las Cíes en una LCM para inaugurar
en la playa de Rodas, un centro sanitario del 061, donde esa misma mañana
había sido asistido un infante de marina al que le había
caído encima de una pierna un contenedor lleno de chapapote.
Afortunadamente, lo que se creía era fractura quedó en
fuerte contusión.
El
día 23, y gracias a que se había disfrutado de una
meteorología aceptable y se había podido trabajar
sin descanso todos los días de la semana, sin respetar
sábados y domingos, las islas Cíes se dieron por
finalizadas, quedando sólo el trabajo de limpieza detallada
de las rocas; pero la presencia de los infantes de marina, con
su gran potencial humano, era más necesario en Ons, donde
el grado de contaminación alcanzado era mucho más
grave y hacía falta una mayor concentración de medios
y efectivos. Ese mismo día, con vientos superiores a 30
nudos, los únicos buques fondeados frente a Ons eran el
Galicia y el Pizarro, y los efectivos trabajando en la isla eran
los de Infantería de Marina, por lo que el ministro de
Defensa, que tenía previsto visitar Ons, pudo comprobar
in situ el buen hacer de la Armada y la dureza del medio donde
trabajaban, pues en la playa de Pereiro los infantes de marina
estaban hundidos hasta la cintura en el viscoso alquitrán. |
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Ese
mismo día se recibió de ALCANT la orden de trabajar en
Nochebuena y Navidad, cumplimentándose la orden del primer día
para cenar después las dotaciones del Galicia y Pizarro a bordo
de sus buques, aunque eso sí, atracados en Vigo y en la Escuela
Naval, respectivamente. Y es aquí donde hay que destacar no sólo
las facilidades logísticas recibidas de la Escuela en todo momento,
sino también el cariño y el apoyo de todos sus componentes,
que supieron hacer de perfectos anfitriones en fechas tan señaladas.
Al día siguiente el dios Eolo se apiadó de las dotaciones
del GRUFLOT, soplando con toda su fuerza, de forma que fue imposible
salir a navegar, así como que los helicópteros volasen
para llevar a la gente a las islas.
El
día 26, aunque ya soplaba un viento de 20 nudos a las 0800 horas,
ambos buques salieron para trabajar en Ons, pero al mediodía
el viento había subido a 35 nudos, comenzando a garrear el Galicia;
un cambio de fondeadero a Bueu no mejoró las cosas, pues a las
1500 horas ya había 60 nudos de viento. Definitivamente se abandonó
el fondeadero y, navegando por la ría hacia Marín, se
soportaron vientos superiores a 70 nudos, lo que hizo especialmente
dificultoso el atraque del Galicia en el muelle de contenedores de Marín,
donde, algo más resguardados, las rachas eran de ¡56 nudos!
Al
día siguiente persistía el temporal, por lo que se aprovechó
para relevar a parte de la Fuerza de Desembarco, marchando 400 a San
Fernando e incorporándose 300. Ese mismo día llegó
la orden de marcha del Galícia a Santander para actuar como centro
de observación, control y coordinación a corta distancia
del Cantábrico. El tránsito se hizo el sábado día
28 con una fuerte marejada que hizo especialmente movida la navegación,
pues este LPD sólo opone cinco metros de calado a una gran obra
muerta, con el puente a 23 metros de altura. Esto hizo que la evacuación
de un suboficial por causa familiar grave tuviera que posponerse hasta
que la cubierta de vuelo estuvo dentro de límites, pues el ingeniero
que diseñó el buque se ahorró las aletas estabilizadoras,
ahorro no muy bien recibido por los infantes que habían embarcado
el día anterior y algún que otro marinero sensible al
mal de mar.
El
domingo día 29, el Galicia llegó a la bella bahía
de Santander, atracando en el muelle del Almirante, en pleno centro
de la ciudad. Tras las presentaciones reglamentarias al presidente de
Cantabria, delegado del Gobierno y alcalde de la ciudad, se conocieron
los cometidos a realizar y que ocuparían al Galicia hasta el
día 10 de enero, fecha en que sería relevado por el Castilla.
En
esencia, el Galicia en este tiempo controlaría los desplazamientos
de las diferentes manchas en toda la cornisa cantábrica para
ello unos técnicos de Salvamento Marítimo embarcarían
junto con un oficial de enlace de DIGENPOL, instalándose en el
Centro de Operaciones de Combate (COC), al que previamente se le había
dotado de líneas de teléfono adicionales y ADSL para la
navegación por internet, paralelamente, con un oficial de enlace
del Ejército del Aire, que realizaría labores de coordinación
de todos los vuelos de aviones y helicópteros sobre el Cantábrico.
Los
dos helicópteros AB-212 volarían diariamente para descubrir
posibles manchas próximas a la costa, quedándose los dos
SH-3D basados en la Escuela Naval en apoyo de las operaciones del Pizarro
en las islas de Ons, Monta y Sagres. Los infantes de marina, una vez
con sus vehículos en tierra, marchaban diariamente allí,
donde la Delegación del Gobierno solicitaba su presencia para
realizar su trabajo en las zonas de mayor riesgo, vetadas a los voluntarios.
El día 30 el vicepresidente 1º del Gobierno, Mariano Rajoy,
visitó el Galicia, acompañado por el presidente de Cantabria
y el delegado del Gobierno, quedando gratamente sorprendido de las posibilidades
del buque y de la labor que se estaba realizando, ofreciendo en el hangar
una rueda de prensa.
El
día de Nochevieja, las dotaciones cenaron a bordo un rancho extraordinario
y, pese a la meteorología adversa, los más jóvenes
salieron a tierra dispuestos a pasarlo lo mejor posible. Ese mismo día
el Pizarro había montado un andarivel en la playa de Pereiro,
gracias a una feliz idea de su contramaestre, ahorrando así una
larga cadena humana portando capazas. Simultáneamente, la FD
instaló un campamento en Ons para aprovechar mejor las horas
de luz y comenzar los trabajos al amanecer.
El
día 3 de enero, el presidente de Cantabria, acompañado
del delegado del Gobierno y el alcalde de Santander, visitó oficialmente
el Galicia, resaltando ante los medios de comunicación social
la excelente labor que realizaba el buque, así como el valioso
aporte de la Infantería de Marina en la lucha contra la contaminación.
Una semana más tarde arribó el Castilla, realizándose
la transferencia de material y de personal de Infantería de Marina,
UNAEMB, Grupo Naval de Playa y UEBC, que habían sido previamente
relevados, partiendo ese mismo día el Galicia hacia Marín,
donde al día siguiente realizaría un rendez?vous con el
Pizarro, fondeado una vez más frente a Ons, para traspasarle
la lancha LCM-1E. En su despedida de las Rías Bajas ese mismo
día, la dotación del Galicia pudo comprobar por sí
misma la tarea realizada, pues todas las playas del Parque Nacional
de las Islas del Atlántico estaban realmente esplendorosas, sin
paliativo alguno.
El
día 13 el Galicia atracaría en Rota, tras 40 días
de ausencia le seguiría el Pizarro, al finalizar su trabajo en
Ons, 20 días después, quedando el Castilla en aguas del
Cantábrico dirigiendo la recogida por parte de los pesqueros
cántabros y vascos de las últimas manchas que amenazaban
sus costas y que tenían ya sus días contados, y unos 250
infantes de marina entre Santander y Marín, finalizando con hidrolimpiadores
la limpieza detallada de las rocas de Ons y las playas cántabras.
Conclusiones
La
intervención de la Armada en la crisis del Prestige fue todo
un acierto. Sin el trabajo, dedicación y esfuerzo empleados por
todos los que intervinieron no habrían recuperado su estado inicial
las islas del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, verdadero
paraíso del que se extrajeron, gracias a la capacidad anfibia
del dispositivo empleado, más de 3.000 toneladas de viscoso chapapote.
Asimismo, la colaboración para la recuperación de numerosas
playas de la Costa de la Muerte fue igualmente inestimable. Esta operación
supuso una valiosa aportación positiva a la imagen de la Armada
en Galicia y Santander, reflejada diariamente por autoridades y habitantes
de las zonas afectadas. El pueblo de Finisterre, por ejemplo, no consintió
que los infantes de marina durmiesen en sus tiendas, cediéndoles
la lonja para que se alojasen, proporcionándoles comida, colchones,
mantas, etc. Las autoridades cántabras demostraron en todo momento
el gran cariño que le tienen a la Armada, y en playas como las
de Oyambre el rancho corría generalmente a costa del municipio.
El
trato dado a la Armada por los medios de comunicación social
puede considerarse de exquisito, resaltando el esfuerzo empeñado
y la eficacia del trabajo realizado por todas las unidades, con el resultado
de devolver a la costa asignada su estado original antes de la catástrofe.
Los
medios utilizados fueron los adecuados, retirándose efectivos
a medida que el trabajo a efectuar era menor. Es de destacar la variedad
y diversidad de estos medios: lanchas de desembarco, supercats, helicópteros
de transporte, buceadores de combate y, sobre todo, duros e inquebrantables
infantes de marina, que asombraban diariamente a los representantes
de parques nacionales, dado su alto rendimiento, organización
y disciplina.
Es
de resaltar que pese a la dureza del trabajo, que exigía, por
ejemplo, al personal de maniobra de los buques jornadas de 12 horas
de trabajo con una meteorología generalmente dura y adversa,
apenas hubo rebajados y los accidentes no pasaron de contusiones. El
secreto era que todos se sentían motivados por la tarea que estaban
realizando y que sabían era valorada por la población
civil. La labor de los pilotos y personal de la UNAEMB fue igualmente
extraordinaria, teniendo que realizar vuelos de cuatro horas y a 130
millas de la costa para sobrevolar la zona del hundimiento del Prestige.
Los
buceadores de combate de la UEBC y UOE realizaron una meritoria labor,
explorando los fondos marinos, retirando residuos sumergidos y accediendo
allí donde otros no podían. Los componentes del Grupo
Naval de Playa, gracias a su dedicación y preparación,
consiguieron sacarle un rendimiento a un material que llegaba estropeado
todos los días al anochecer. El pasar unas fiestas tan familiares
como las Navidades lejos de casa y la consiguiente pérdida de
los permisos reglamentarios fue asumido por todos con un alto espíritu
de sacrificio. Finalmente el tiempo de reacción, 24 horas, para
tener en la mar una fuerza anfibia de 1.200 personas, perfectamente
avituallada y lista para una operación de larga duración,
no puede considerarse fruto de la casualidad, sino de la eficacia de
la cadena logística, así como de la preparación,
adiestramiento y motivación del personal las unidades empeñadas.
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DE FOTOS CHAPAPOTE EN "LAS HISTORIAS DE BLIMDANET"