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La
acción de San Pedro de Abanto y la toma del Caserío de Murrieta
(Vizcaya) durante la 3a Guerra Carlista por fuerzas del 2° Batallón
del 1er. Regimiento de Infantería de Marina a las órdenes del
Tcol. D. Juan Albacete y Fuster constituye una de las páginas
más gloriosas que jalonan la ya de por sí extraordinaria historia
del Cuerpo de Infantería de Marina.
AMBIENTACIÓN
Durante
el invierno de 1874, la 3a Guerra Carlista se desarrollaba duramente
a lo largo de diferentes regiones de España; uno de los frentes
que más reñídamente se disputaban era el del cerco de Bilbao,
ciudad tradicionalmente liberal que los carlistas esperaban
conquistar para disponer de un puerto y de una ciudad importante
bajo su control en la cual se pudiese instalar la corte del
pretendiente carlista al trono, y solicitar su reconocimiento
por las potencias extranjeras.
Por
otra parte, la situación política nacional es muy delicada;
tras un año de efímera vida, cuatro Presidentes, una insurrección
cantonal, y con el latente problema de Cuba en ciernes, la I
República cae tras la disolución de las Cortes por ell General
Pavía.
En
cuanto a la campaña del Norte, una de las posiciones clave en
manos de los carlistas eran los altos de San Pedro de Abanto
y el Caserío de Murrieta, al noroeste de Bilbao, de gran valor
estratégico para bloquear el acceso de refuerzos a los defensores
de la capital vizcaina
.
Esta
posición, a la postre, pasaría a los anales de las gestas del
Cuerpo de Infantería de Marina.

ACONTECIMIENTOS
El
17 de enero de 1874, a los pocos días del golpe de estado del
General Pavía contra la primera República, el 2° Batallón del
1er Regimiento de I.M., acuartelado en la Ciudad de San Fernando
(Cádiz) recibe la orden de alistamiento.
El
27 de ese mismo mes, el batallón sale por ferrocarril a Madrid
al mando de su jefe, el Tcol. D. Joaquín Albacete y Fuster.

En
aquéllos años, el fusil de ordenanza de los infantes de marina
era el "Berdan 1867", que costaba a Hacienda 88 pesetas, bayoneta
incluída. Este fusil permitía su transformación de avancarga
en retrocarga, y se suministraba junto a "los necesrios elementos
de transformación de retro en avancarga por si fallaba el sistema
de retrocarga", lo que provocaba gran jolgorio por parte de
la tropa.
Una
vez en Madrid, el 2°/1er Rgto. se une en Alcalá de Henares a
la columna del General Soria Cruz, encargado de las acciones
en las provincias de Guadalajara y Cuenca.
El
dos de marzo de 1874 el Batallón es asignado al Ejército del
Norte, por lo que debe desplazarse a Santander. Una vez allí,
embarca en el vapor "Ciudad de Cádiz", que poco después arriba
a la localidad costera de Castro Urdiales.
Desde
allí se desplaza a Santoña, donde embarca en el vapor "Isabel
II", con destino a Portugalete, pero a mitad de travesía se
recibe la orden de regresar a Castro Urdiales.
Continúan
las acciones durante el mes de marzo, hasta que el veinticuatro
por la tarde recibe la orden de dirigirse hacia Somorrostro
a la cabeza del Ejército del Norte, en virtud de los privilegios
del Cuerpo, con la 1a Compañía en extrema vanguardia.
Durante
todo el veinticinco, combate contra fuerzas carlistas de las
que sitiaban Bilbao, a la vanguardia de la 1a.Brigada del II
Cuerpo de Ejército.
LA
JORNADA DEL VEINTISIETE DE MARZO.
Por
la mañana, y en extrema vanguardia de las fuerzas propias, toma
una posición defensiva carlista denominada "Casas del Castaño".
Al mmediodía el general ordena que el 2° Batallón pase a la
reserva para reponerse de su desgaste tras tres días de acción
en punta de vanguardia.
Ese
mismo día comienzan los asaltos de las unidades del Ejército
contra la posición defensiva de San Pedro de Abanto, fracasando
en todos sus intentos debido a lo formidable de la posición
defensiva compuesta de diferentes posiciones naturalmente fuertes
y excelentemente defendidas con obstáculos, zanjas, fogatas
y carriles y por una intrincada red de trincheras con parapeto
y cuyo trazado permitía cruzar el fuego con gran eficacia; no
en vano, dicha posición era clave para romper el cerco a la
ciudad de Bilbao, y el Estado mayor carlista, consciente de
ello, estaba decidido a defenderla a toda costa.
Visto
que el general empezaba a considerar el repliegue de sus tropas
ante la imposibilidad de tomar la posición, el Tcol. Albacete
se presenta ante el mismo y solicita permiso para entrar con
su batallón en San Pedro de Abanto, a lo que el General Serrano
accede diciéndole. "Buena suerte; la causa está en sus manos".
Comienza
el asalto al paso largo, protegidos los flancos del batallón
por las unidades del Ejército, así como por los fuegos de la
artillería propia; comienzan a producirse las primeras bajas.

Al
ocaso, se ordena "paso de ataque", empezando un duro combate
nocturno a la bayoneta, trinchera a trinchera, llegando el Tcol.
Albacete a ordenar. "¡¡Sres. capitanes, a la cabeza de sus compañías!!"

Esta
gesta será incluso glosada por el caudillo carlista Abanabes:
"...un batallón de Infantería de Marina intenta asaltar los
parapetos. Los nuestros hacen una, y otra, y muchas descargas
nutridísimas. Los marinos ensangrientan el suelo, pero no desmayan,
y vuelven al intento. Casi quedó en cuadro el batallón, pero
los que quedaban se defendían con bravura".
A
pesar del castigo, la unidad sigue avanzando y cae de repente
y a la bayoneta sobre el caserío de Murrieta del que se apoderan
obligando a los defensores a retirarse a sus trincheras interiores
entre Murrieta y San Pedro.
Se
culmina la cumbre y se llega al pueblo, poniendo en fuga a las
unidades carlistas, siendo difícil parar el ímpetu de la tropa,
que no obstante mandar "alto al avance", perseguían por la lader
opuesta a los enemigos en fuga.
Efectuado
el recuento, se evidencia el alto número de bajas; ha caído
un tercio de la fuerza; como botón de muestra, de la 1a Cía.,
sólo quedan en pie tres hombres.
Como
resultado del juicio contradictorio abierto para demostrar los
méritos de esta unidad, habiendo acreditado no sólo arrojo y
bizarría, sino además, haber dejado tendida en el campo más
de la mitad de su fuerza, se le concedió la Cruz Laureada de
San Fernando, por lo que pasó a ostentar su bandera la correspondiente
corbata, que actualmente luce el Tercio Sur.

Esta
gesta fue más tarde glosada en el Diario de Sesiones del Congreso
del 26 de marzo de 1893, del cual se puede extractar: "...el choque fue violentísimo; cada piedra era un baluarte;
cada mata, un reducto; cada arroyuelo, un foso invadeable...Se
perdió una casa cuatro veces. El Ejército Carlista hizo justicia
a aquéllos heroicos y sufridos soldados, y al verlos retirarse
diezmados por la metralla paso a paso, volviendo la cara haciendo
fuego, prorrumpieron en entusiastas vivas a aquél incomparable
batallón de Infantería de Marina...a aquéllos cazadores...a
aquéllos oficiales que, con las hojas de sus espadas rotas por
las balas, ebrios de coraje, habían casi llegado a tapar con
sus cuerpos las bocas de los cañones..."
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