"LAS
HISTORIAS DE BLIMDANET" reproduce un interesante artículo
aparecido el la Edición digital de El Periódico de Cataluña,
el miércoles 17 de julio de 2002. En dicho artículo los
últimos del Perejil, año 1957, cuentan su experiencia.
"PEREJIL SE DEFIENDE CON TIRACHINAS"
Los últimos militares españoles destinados en la isla,
que abandonaron en 1957, hablan en Ceuta con EL PERIÓDICO. Los
tenientes retirados Barrientos y Mulero reprochan al Gobierno que no
se imponga a Rabat
MONTSE MARTÍNEZ
CEUTA ENVIADA ESPECIAL
No se vistió de gala. Ya retirado, el teniente de la Compañía
de Mar del Ejército de Tierra Felipe Barrientos no tenía
ayer, día de la patrona de la Armada, ánimo para celebraciones.
Cabo de la última escuadra española en la isla de Perejil,
retirada del islote en 1957, ayer, 45 años más tarde,
sólo sentía rabia.
Por eso acudió de paisano a la misa celebrada en
honor de la virgen del Carmen en la iglesia de la plaza de Nuestra Señora
de África de Ceuta. Su discreto vestuario contrastaba con el
de su compañero y amigo, el teniente Diego Mulero, también
retirado, que en los últimos años 50 mandaba sobre los
soldados destacados en el islote. La impecable blancura del uniforme
de Mulero, potenciada por el generoso sol de Ceuta, casi hacía
daño a la vista. Lucía, orgulloso, más de 10 insignias
y medallas en su pecho que se movían ligeramente cada vez que
el teniente se cuadraba en sus saludos.
Pero de paisano o de uniforme, a Barrientos y Mulero les une la indignación.
Una indignación que no se detiene en el Gobierno de Marruecos,
por ocupar un enclave que sienten como español. Están
encendidos por la actitud del Ejecutivo de José María
Aznar en este último conflicto con el país vecino, desatado
el pasado jueves cuando ocho militares marroquís tomaron el islote.
Ellos prefieren recordar.
Y lo primero que puntualizan es que la ahora famosa isla de Perejil
era, en el lenguaje militar, Punta Alemán. Durante la segunda
guerra mundial, el ejército de Hitler la utilizó como
búnker y la cueva en la que ahora suelen usar como refugio los
traficantes de droga y de personas protegió, en su día,
a soldados alemanes.
Los 'mejanías'
"Luego vino lo de Perejil, porque crecía en plantas tan
altas que llegaban a la cintura", rememora el teniente Barrientos.
Pero insiste en que, cuando redactaba sus partes, la ubicación
era Punta Alemán. Sólo a veces, entre paréntesis,
escribía Perejil.
Entre los dos tenientes, mano a mano, completan el relato. Entrecortado
y desordenado. Pero desbordado de intensidad. La isla de Perejil siempre
había contado con presencia militar española. Soldados
de origen marroquí pero a las órdenes del Ejército
español, conocidos como mejanías, estaban día y
noche en la isla.
Las escuadras de la Compañía de Mar, formadas cada una
de ellas por un cabo y cuatro soldados, supervisaban a los mejanías
y les abastecían en sus necesidades básicas. Dos de aquellos
cabos de la Compañía de Mar son ahora los tenientes retirados
Barrientos y Delgado.
Desde el pequeñísimo pueblo de Tawora, en costa mediteránea
marroquí, a 140 metros del islote, donde la anciana Rajma Majnes
cocina diariamente cuscús para los soldados marroquís
que han tomado el peñasco, el entonces cabo Barrientos y sus
hombres abastecían hace más de 40 años a los mejanías
de Perejil.
Expedición imaginaria
Barrientos y Mulero vuelven a la actualidad y sus voces
se ensombrecen. "Estoy orgulloso de mi compañía,
pero no del Ministerio de Defensa, que está permitiendo demasiado",
sentencia el primero mientras mira, con un gesto entre emocionado y
nostálgico, a la fragata de la Armada española Navarra,
anclada en el puerto ceutí. "Yo me iría ahora mismo
si me llamaran, voluntario", dice. Al oirlo, el teniente Mulero
se apunta inmediatamente a una expedición imaginaria que saben
imposible.
Se hacen cruces de que España consienta que los soldados marroquíes
permanezcan un solo día en el islote. "Si llega a ser de
los ingleses o de los americanos, no tocan ni la piedra", argumenta
Barrientos, y agrega: "Eso se defiende con un tirachinas".
Comparten la opinión de que el Gobierno español está
siendo demasiado permisivo con Marruecos en este asunto como en otros
muchos. "No hay que ser cobarde; hay que acabar con esto cuanto
antes", dice contundente Barrientos. "Si la isla no le interesa
a España, no se la puede quedar Marruecos: se vuela y punto".
Aunque enseguida matiza su beligerancia: no hace falta pegar ni un tiro,
apunta. Ambos consideran que con un cierre de fronteras, tanto en Melilla
como en Ceuta, la misma población marroquí que se gana
la vida en esas plazas españolas se tiraría encima de
sus gobernantes.
Detienen su discurso para saludar con cariño a la hija del sargento
Manuel Fernández Cantalejo cuando ésta llega a la iglesia.
Su padre, fallecido en 1975, fue el último, junto con ellos,
en salir de la isla de Perejil.