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Revista Naval (RevNav)

ISSN 1885-3331

Viernes, 21 de julio de 2017

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Buques

 

La vulnerabilidad en los grandes portaaviones

Por José Francisco Alcalde
Fotos: Javier Sánchez

 

En la noche del 11 de noviembre de 1940, una veintena de aviones torpederos Swordfish pertenecientes a un portaaviones de la Royal Navy, atacó en dos oleadas a los acorazados italianos fondeados en la base de Tarento...

...el ataque fue una sorpresa total, y, con pocas bajas, consiguió dejar fuera de combate a tres acorazados italianos: los Cavour, Duilio y Littorio. Las enseñanzas de este ataque servirán posteriormente para que los japoneses destrocen a la Flota del Pacífico norteamericana en Pearl Harbor. Es el principio del fin del acorazado como Capital Ship y el nacimiento de un arma que, hasta ese momento, estaba en entredicho para muchos expertos navales de la época: el portaaviones.

 

Concepto

El portaaviones nace como una plataforma naval capaz de proyectar la guerra aérea lejos del propio territorio. Este arma permite además el transporte de aviones con cometidos muy diversos, lo que le proporciona una enorme polivalencia y capacidad.

Los primeros portaaviones disponían de una fuerza compuesta por torpederos, cazas y bombarderos en picado. Actualmente las fuerzas de operaciones añaden a sus capacidades aparatos de radar lejano, guerra electrónica, nodrizas y cazas polivalentes, capaces de actuar como por igual como agresores de una Fuerza enemiga o en defensa de la flota.

Veterano de la Segunda Guerra Mundial, el portaaeronaves Dédalo (ex- USS Cabot) sirvió hasta 1989 en la Armada española
Veterano de la Segunda Guerra Mundial, el portaaeronaves Dédalo (ex- USS Cabot) sirvió hasta 1989 en la Armada española

El rol de torpederos desapareció, y el bombardeo en picado ha sido sustituido por el de precisión con armas inteligentes. Las mejoras constantes en este tipo de buques a lo largo de su vida operativa no ocultan la existencia de críticas que siguen cuestionando su papel y, sobre todo, su seguridad.

Podríamos hablar mucho sobre el tema, e incluso buscar comparaciones más o menos afortunadas entre los portaaviones de la Segunda Guerra Mundial y los modernos tipo Nimitz de casi 100.000 toneladas de desplazamiento, pero la duda seguiría estando ahí.

Vamos a intentar responder en este artículo a algunas de esas preguntas, con la esperanza de contribuir en algo, siquiera modestamente, a comprender este asunto.

 

¿Son los portaaviones demasiado vulnerables a las modernas armas antibuque?

En tiempos de la Guerra Fría los planes de batalla de la flota soviética consideraban a los grandes portaaviones norteamericanos como blancos de la máxima prioridad. La idea era neutralizarlos con ataques combinados en masa de buques de superficie, submarinos y bombarderos de largo alcance dotados con misiles SSM.

Este hecho da una idea clara de los enormes recursos que los soviéticos estaban dispuestos a poner en uso para neutralizar la amenaza. El sistema AEGIS surgirá como defensa ante lo que se esperaba fuese un ataque de saturación de grandes proporciones.

A pesar de todo, y como no existe la defensa perfecta, los analistas ya contaban con que una parte de esas armas lograrían burlar las defensas y alcanzar a sus blancos, y entonces...

El portaaviones estadounidense John Fitzgerald Kennedy
El portaaviones estadounidense John Fitzgerald Kennedy

Examinando detenidamente el paraguas defensivo que arropa a cualquier portaaviones, la sensación es de invulnerabilidad. Sin embargo, un análisis más detenido nos muestra que no siempre es así: factores como la suerte, el entrenamiento, la buena disposición de los sistemas de control de daños, etc. tienen también un importante papel en este aspecto. No entramos a valorar el propio sentimiento de seguridad de la tripulación en un buque más parecido a una ciudad flotante que a un simple cascaron de acero.

Para hundir un portaaviones son necesarios muchos impactos. Sobre el papel, se calculan al menos entre 12 y 15 el número de misiles necesarios para lograr este fin. Basta sin embargo con inutilizar la cubierta de vuelo para anular por completo las capacidades de este tipo de buques y convertirlos en poco menos que chatarra flotante.

Vemos pues que anular un portaaviones no tiene por qué implicar su hundimiento. En Midway, los portaaviones japoneses fueron sorprendidos por los bombarderos en picado estadounidenses con sus cubiertas atestadas de combustible y municiones después de un desafortunado cambio de ultima hora. Bastaron unas pocas bombas bien colocadas para convertir los buques en un infierno de fuego y destrucción.

Con la pérdida de aquellos cuatro portaaviones, Japón no sólo perdió los buques, con ellos se fueron al fondo del mar decenas de aparatos, y sobre todo, dotaciones entrenadas y preparadas para el combate, imposibles de reponer. No es difícil imaginar lo que supondría una situación similar en un portaaviones nuclear, con la diferencia de que los medios son infinitamente más modernos, y que ciertos errores serían impensables atendiendo a estas enseñanzas.

 

¿Son los portaaviones seguros para sus tripulantes?

La cubierta de un portaaviones está considerada como uno de los lugares de trabajo más peligrosos que existen. El personal de cubierta sabe en todo momento cual es su sitio, tanto en los despegues como en los apontajes, los distintos colores dejan claro quién es cada uno y cuál es su lugar, de modo que se minimizan los riesgos de accidentes y se facilita la comunicación visual, ya que el ruido impide recibir instrucciones de voz o señales acústicas con claridad.

Personal de vuelo en la cubierta del portaaviones francés Foch (hoy en día en servicio en la Marinha de Brasil como A-12 Sao Paulo)
Personal de vuelo en la cubierta del portaaviones francés Foch (hoy en día en servicio en la Marinha de Brasil como A-12 Sao Paulo)

Sin embargo los accidentes ocurren, y en algunos casos son catastróficos. De los accidentes graves ocurridos destacamos por su importancia tres de ellos, tuvieron lugar todos durante la guerra de Vietnam:

  • 1966, un incendio en un depósito de bengalas en el USS Oriskany causa 44 muertos y un número indeterminado de aviones destruidos.
  • 1967, a bordo del USS Forrestal se dispara en cubierta accidentalmente un cohete Zuni. Los aviones, a punto de salir en misión de bombardeo contra Vietnam del Norte, se encuentran cargados de combustible y armamento. El fatal resultado es de 134 muertos, decenas de heridos, 21 aviones destruidos, un número indeterminado de averiados que tienen que ser arrojados por la borda para evitar males mayores. El USS Forrestal tiene que retirarse de la estación Yankee al quedar su cubierta seriamente dañada.
  • 1969, un incendio fortuito en la cubierta del USS Enterprise provoca la muerte a 27 tripulantes, 344 heridos, 15 aviones destruidos y un número indeterminado de aeronaves averiadas.

Además de estos desafortunados incidentes, existen multitud de casos debidos, las más de las veces, a descuidos que, aunque parezca exagerado decirlo, son riesgos mínimos asumibles cuando hablamos de una población de mas de 6.000 almas. Las cámaras de cubierta que controlan todas las maniobras han llegado a grabar terribles anécdotas como la succión por las toberas de un reactor de algún que otro tripulante despistado que no guardó las debidas precauciones.

Decir que los portaaviones son peligrosos o que no lo son implica evaluar los datos con mucho detalle. Accidentes leves son habituales en cualquier tipo de buque, y no por ello cuestionamos su existencia.

 

¿Son los portaaviones un elemento real de disuasión?

Un Grupo de Combate de portaaviones proporciona una proyección de fuerza formidable a quien lo posee. Basta observar la composición de un Ala embarcada para comprobar que, en algunos casos, su poder corresponde al de una Fuerza Aérea de pequeño tamaño:

  • 3 escuadrones de F-18 equivalen a un Ala de caza del Ejército del Aire español, con el mismo tipo de aparato.
  • 10 cazas F-14 le permiten combatir a enormes distancias, y al tiempo atacar objetivos con gran precisión.
  • 4 Hawkeye AWACS le conceden capacidad de detección lejana, de la que carecen muchas Fuerzas mayores, léase la española, ¡y estamos hablando de un solo buque!
  • Añadamos también aviones Prowler EW, Viking ASW y ASSW, aviones nodriza y helicópteros.
Aeronaves en la cubierta del USS Jonh Fitzgerald Kennedy
Aeronaves en la cubierta del USS Jonh Fitzgerald Kennedy

Los números pueden variar dependiendo de las misiones a realizar, lo cual aumenta si cabe la flexibilidad de la fuerza en sí. Como ejemplo muy actual de lo que es un Grupo de Combate, nos fijaremos en el Grupo de Combate del USS John C. Stennis en su reciente despliegue en aguas del Océano Índico, durante las operaciones contra Afganistán:

  • Portaaviones John C. Stennis (CVN-74).
  • 2 cruceros AEGIS clase Ticonderoga.
  • 1 destructor AEGIS clase Arleigh Burke.
  • 1 destructor ASW clase Spruance.
  • 1 fragata ASW clase Oliver Hazard Perry.
  • 1 buque rápido de apoyo.
  • 2 SSN clase Los Ángeles.

Como vemos, un portaaviones navega muy protegido, y proyecta una capacidad de disuasión bastante notable. Sobran más comentarios.

El USS Nimitz (CVN 68) acompañado de dos buques pertenecientes a su grupo de combate (el crucero USS Port Royal y el submarino USS Annapolis)
El USS Nimitz (CVN 68) acompañado de dos buques pertenecientes a su grupo de combate (el crucero USS Port Royal y el submarino USS Annapolis)

 

¿Son los portaaviones económicamente viables?

Pocas armadas están en disposición de permitirse los enormes gastos que genera un portaaviones de estas características, ya que a los gastos de desarrollo y construcción hay que añadir el coste del Ala embarcada y el mantenimiento de este binomio.

Exceptuando a los norteamericanos, el resto de países opta por construir unidades más pequeñas y económicas, con orientaciones tácticas muy diferentes a las de los grandes portaaviones de 100.000 toneladas.

Ciertamente la posesión de portaaviones ofrece unas características de flexibilidad asombrosas, ya que su dotación de aeronaves puede ser ajustada en función de la amenaza a la que hace frente.

Con el fin de la amenaza submarina que representaba el antiguo Pacto de Varsovia, la necesidad de aparatos antisubmarinos descendió. Su lugar fue ocupado por más cazas de ataque, en este caso un escuadrón adicional de F-18; Los aviones Viking fueron entonces adaptados para el ataque naval dotándose de misiles Harpoon, y también como aviones de vigilancia y apoyo electrónico, con los equipos necesarios.

Exceptuando a Francia y a la Federación Rusa, los países que aspiran a poseer esta formidable arma se han conformado con la construcción de unidades mucho más modestas, de asequible mantenimiento y coste económico moderado.

El caso más representativo para explicar la complejidad que representa el construir y mantener una unidad de este tipo es el del portaaviones nuclear francés Charles de Gaulle: la necesidad de una propulsión nuclear, la falta de modernos aviones navales hasta la entrada en servicio del Rafale, y la enorme crisis en los presupuestos de Defensa del Estado francés, han llevado a sucesivas demoras y retrasos en la puesta a punto de un buque que les era muy necesario.

El segundo ejemplar será construido, casi con toda seguridad, con la colaboración de los británicos, que también andan necesitados de sustituto para sus tres portaaeronaves de la clase Invincible: la futura llegada del Joint Strike Fighter (JSF); la temprana y polémica retirada del Sea Harrier que está haciendo correr ríos de tinta en la pérfida Albión; y los que seguirán... (recordemos que en tres años, los británicos se van a quedar sin su caza de Flota, aunque esto sería motivo de un análisis más reposado).

Portaaviones británico HMS Ark Royal
Portaaviones británico HMS Ark Royal

Tengamos también en cuenta que la política de Defensa británica ha sido desde hace años errática. Las malas lenguas atribuyen a presiones norteamericanas la decisión de deshacerse del Harrier para caer en brazos de un avión que, aunque en pruebas, aún tardará mucho en ver la luz verde para ser operativo.

Este parece un buen momento para comenzar a plantearse en España cómo va a ser nuestro futuro portaaviones, que es indisociable a la decisión a tomar en torno al futuro avión embarcado que sustituirá a los Harrier en servicio.

Al mismo tiempo merece la pena saber si el futuro LHD podrá operar funcionalmente como un segundo portaaviones. En caso contrario, sería hora de ir pensando en un sustituto para el  R-11 Príncipe de Asturias, que en 2013 alcanzará los 25 años de servicio activo.

Diseño preliminar del futuro Buque de Proyección Estratégica (LL)
Diseño preliminar del futuro Buque de Proyección Estratégica (LL)

Conclusión.

Es evidente que los portaaviones cumplen una función muy importante en la guerra naval. A pesar de ello, sus capacidades y su poder no escapan a discrepancias: la discusión sobre la vulnerabilidad o no está ahí, y siempre habrá opiniones para todos los gustos.

Pero, aunque las comparaciones son odiosas, cabe hacerse esta pregunta: ¿podrían los norteamericanos imponer su poderío en el mundo si carecieran de sus portaaviones? Ahí queda la pregunta. La respuesta, la dejamos en tus manos, amable lector.

José Francisco Alcalde
Artículo publicado en el número de noviembre-diciembre 2002

 

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