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Revista Naval (RevNav)

ISSN 1885-3331

Viernes, 21 de julio de 2017

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Historia

 

Los buques de la Armada en el XIX (1800-1885)

Los buques de la Armada en el XIXPor Xoán Porto
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El siglo XIX comenzó para la Armada española con la desfavorable situación heredada del reinado de Carlos IV y tras la batalla de Trafalgar, auténtico golpe de gracia de la otrora poderosa Marina de la Ilustración.

Debido al estado de guerra permanente en que se encontró el país durante prácticamente el primer cuarto de siglo, el esplendor de la Marina del XVIII aparecía en la primera década del siglo como un vago recuerdo. Durante la guerra de la Independencia la Armada era prácticamente inexistente como fuerza a flote.

Después de la confrontación con los franceses fue repuesto en la Corona el rey Fernando VII, recibido como "El Deseado" por el pueblo, y más tarde, conocido como "El Rey Felón" por la villanía de su reinado.

La situación en esta época no podía ser más desesperada: adeudo de pagas, arsenales vacíos, barcos que se hundían en puerto por falta de carena... para colmo de males, la lucha para sofocar la incipiente rebelión emancipadora de las colonias americanas hizo intensivo uso de las últimas embarcaciones de la Armada, que se hallaban en muy precario estado.

La majestuosidad del "Santísima Trinidad" se perdió en Trafalgar

En 1817 aconteció un hecho que, traducido a términos actuales, podría calificarse de auténtico "pelotazo": amparados por el poder Real, algunos miembros de la camarilla de Fernando VII, tramaron una operación para adquirir "una poderosa flota" al Zar de Rusia, para "remediar" en algo la acuciante penuria en que se hallaba la Marina española. Todo estos se hizo a espaldas de las autoridades navales. El resultado no pudo ser más frustrante: la esperanza de obtener una espléndida flota, pagada como tal, se convirtió, a su llegada al puerto de Cádiz, en un lamentable desfile de buques viejos y cascos podridos, a los que enseguida se hubo de dar baja o someter a costosos arreglos.

En este estado de cosas, en el año 1820 figuraban únicamente tres navíos operativos: los "Héroe", "Guerrero" y "San Pablo", amén de unas pocas fragatas. Para paliar esta situación, se iniciaron tímidas acciones para revitalizar la Marina a vela, como el intento de recuperación del navío "Algeciras" o la carena de la fragata "Perla". En 1821 se inició en Ferrol la construcción de tres fragatas de 50 cañones: "Iberia", "Lealtad" y "Restauración".

Gabarrús, en la obra que abre la colección de libros de la Empresa Nacional Bazán (hoy Izar), ofrece como dato significativo del lamentable estado en que se encontraban los arsenales, que si en el año de 1790 el arsenal ferrolano contaba con 3.500 obreros, en 1833 sólamente contaba con 87.

 

La Marina isabelina: la irrupción del vapor.

En 1834 el vapor irrumpió en la Armada, casi simultáneamente al nombramiento de Isabel II como soberana, hecho éste último que trajo aparejado la primera de las guerras carlistas. En este año fue adquirido en el extranjero el vapor de ruedas "Isabel II", y fueron alquilados los "Reina Gobernadora" y "Mazzepa".

Entre 1834 y 1852 fueron comprados numerosos vapores de ruedas, contabilizándose en este año último un total de 28 vapores de ruedas de menos de 2.000 toneladas, entre ellos el "Bazán" o el "Congreso".

Serie litográfica de José Alonso Esquivel sobre el Arsenal de Ferrol (1850).

El vapor aplicado a embarcaciones eminentemente militares apareció en España en 1850, con la creación en el arsenal ferrolano del Taller de Máquinas de Vapor, y contigua a él, la Escuela de Maquinistas. En ese año se construyeron en Ferrol cuatro pequeños vapores: "Jorge Juan", "Antonio de Ulloa", "Alsedo" y "Narváez"; además de una urca y del navío "Rey Francisco de Asís".

En Cartagena, y tras cuarenta años, se puso la quilla a un buque, el bergantín "Escipión". En La Carraca por su parte, se contruyeron los bergantines "Valdés" y "Galiano"; la goleta "Cruz"; la urca "Santa María" y el navío "Reina Isabel II".

 

La supremacía de la hélice.

En 1857, dentro del contexto imperante en la construcción naval militar mundial, se inició en España la construcción de buques de hélice.

Fragata de hélice "Navas de Tolosa"

En 1860 se pusieron en grada los navíos "Príncipe Alfonso" (posteriormente fragata blindada "Sagunto"); la corbeta acorazada "Resolución" y la fragata blindada "Tetuán".

Por aquellos años es loable resaltar la iniciativa del catalán Narcís Monturiol y sus "Ictíneos", precursores de los buques submarinos y de una saga de emprendedores inventores españoles en este ámbito, com Isaac Peral, Joaquín Bustamante o Cosme García.

 

La Marina blindada

Como se puede apreciar, a mediados del siglo XIX se produjeron una serie de innovaciones técnicas producto de la aplicación práctica de los nuevos inventos, que poco a poco fueron dejando caducas las técnicas antiguas: si el vapor sustituyó a la vela y, en un intervalo más breve, la hélice a la rueda de palas; la coraza metálica sustituyó paulatinamente a la madera en los cascos de los buques.

Así, los primeros buques acorazados de la Marina fueron, además de los ya citados "Tetuán" y "Sagunto", las fragatas blindadas construidas en Francia e Inglaterra respectivamente, "Numancia" y "Vitoria".

Fragata blindada "Numancia"

Amén de estos buques, blindados ya desde su proyecto, fueron reconvertidas las fragatas de madera "Zaragoza" y "Sagunto" —en construcción—, y la "Resolución", ya en servicio. La fragata "Arapiles", igualmente de casco de madera, fue reconvertida en el astillero de Blackwall.

 

La Restauración.

En 1875, con la restauración de la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII, comenzó un periodo bien definido en la evolución de la Armada: la conocida como Marina de la Restauración.

En este periodo se ordenó la construcción en Tolón de dos cruceros de 3ª: los "Sánchez Barcaiztegui" y "Jorge Juan"; y dos cañoneros-torpederos, "Marqués del Duero" y "Fernando el Católico".

En 1880 fueron lanzados en los astilleros Thames Iron Works dos cruceros no protegidos de 2ª clase, los "Velasco" y "Gravina", seguidos por otras seis unidades gemelas construidas en astilleros nacionales.

En 1879 fueron botados, en Cartagena y La Carraca, los cruceros de madera "Aragón" y "Castilla", y dos años después el tercero de la serie, el "Navarra".

Por la misma época apareció en la Armada un nuevo tipo de buque: el torpedero, representado en primera instancia por los "Cástor" y "Póllux", ambos cosntruidos en el extranjero. El primero —y casi único— ejemplar de construcción nacional de este tipo fue el "Aire", construido en Mahón. En una segunda generación, fruto de las teorías de la Jeune Ecole francesa, se construyeron en el extranjero los torpederos "Rigel", "Acevedo", "Ordoñez", "Retamosa"... y en España, en los astilleros de A Graña (Ferrol), el solitario "Ejército".

Torpedero "Ejército"

El torpedero, por su concepción, pequeña e insidiosa para los buques de gran porte, hacía necesaria la existencia de un antídoto eficaz que pudiera constrarrestar las virtudes bélicas de este tipo. Así, en 1885, y fruto del proyecto ideado por el entonces teniente de navío de 1ª clase, D. Fernando Villaamil, se contrató en Escocia la construcción del contratorpedero "Destructor", primer ejemplar de un nuevo tipo al que dió nombre.

El "Destructor", iniciador de una larga saga de buques

Hay que decir que el viaje del "Destructor" desde Inglaterra a España lo hizo acompañado de la futura corbeta "Nautilus", comprada por Villaamil como simple transporte de material, y que, alistada por el propio Villaamil, tantos servicios rindió a la Armada como escuela de dotaciones. Un buque, junto al "Galatea", recordado con especial cariño en la ciudad de Ferrol.

En la década de los ochenta fueron también construidos los cruceros del tipo "Alfonso XII". Fueron encargados además a Inglaterra dos cañoneros, y un tercero fue construido en La Carraca: eran los "Isla de Luzón", "Isla de Cuba" y "Marqués de la Ensenada".

Buque singular sin lugar a dudas, tanto por su imponente aspecto como por su soledad -fue el único acorazado en sentido estricto que tuvo la Armada en el siglo XIX- se construyó el "Pelayo", encargado a Francia.

El acorazado "Pelayo"

En 1887 fue promulgada la conocida como Ley de Escuadra, promovida por el almirante Rodríguez Arias, ministro de Marina, que dió como fruto la construcción de una serie de modernas unidades que, desgraciadamente, acabaron sus días en la confrontación hispano-norteamericana. De su historia daremos cuenta en un nuevo artículo.

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