Causó baja el dragaminas M-27 Sil

El pasado 14 de Marzo, el muelle Juan de Borbón del Arsenal de Cartagena fue el escenario elegido para proceder a dar de baja en la Lista Oficial de Buques de la Armada (LOBA) al dragaminas costero M-27 "Sil".

Arriado de la bandera del dragaminas Sil.
Arriado de la bandera del dragaminas Sil.
El comandante, teniente de navío Jose Manuel Calvar Cerecedo, abandona el buque portando la bandera de combate.
El comandante, teniente de navío José Manuel Calvar Cerecedo, abandona el buque portando la bandera de combate.
El comandante entrega la bandera del buque al vicealmirante jefe del Arsenal de Cartagena, Mario Rafael Sánchez-Barriga Fernández, que presidió el acto.
El comandante entrega la bandera del buque al vicealmirante jefe del Arsenal de Cartagena, Mario Rafael Sánchez-Barriga Fernández, que presidió el acto.

Este buque pertenecía a la segunda escuadrilla de dragaminas, de la que tan solo quedan tres supervivientes, los M-22 "Ebro", M-25 "Genil" y M-26 "Odiel", uno de los cuales (aún por determinar) causará baja en otoño de 2003 y la pareja restante lo hará a lo largo de 2004.

El año próximo pues, cuando el último de ellos desaparezca, se pondrá fín en España a una larga serie de buques que llegaron a nuestra Armada como consecuencia de la llamada Ayuda Americana, y que precisamente comenzaron ellos mismos, como veremos.

Haciendo un poco de historia, y remontándonos a mediados de los años 50 del pasado siglo XX, España y Estados Unidos firmaron el llamado Programa de Defensa y Ayuda Mutua, o Mutual Defense Assistant Program, más conocido en su momento por las siglas en inglés MDAP. Estos convenios contemplaban muchos puntos, entre los que destacaba la cesión de material para nuestras fuerzas armadas de tierra mar y aire.

Por lo que a la Armada se refiere, las unidades que había en servicio en aquellas fechas eran en su inmensa mayoría buques supervivientes de la contienda civil 1936/39, por lo que la Ayuda venía a representar entre otras cosas, el resurgir de nuestra fuerza a flote.

Tras la firma de los acuerdos, y en sucesivos años, llegarían a trocar la bandera de las barras y estrellas por la roja y gualda cinco submarinos, cinco destructores clase Fletcher, otros cinco clase FRAM, también cinco transportes de ataque, un portahelicópteros, algún pequeño patrullero, cuatro dragaminas oceánicos y una docena de dragaminas costeros, principalmente. Como decimos, todos ellos fueron llegando de forma paulatina, incorporándose a una Armada ansiosa de ver como se reverdecían viejos laureles.

Aunque todos fueron lógicamente muy bien recibidos, quizás los dragaminas fueron los que más, por una razón sencilla: fueron los primeros en llegar a España. Además, con el paso de los años, se convertirían estas pequeñas y estupendas unidades en la serie más numerosa entregada a España por el amigo americano, pues sumaban doce unidades.

El Nalón fue uno de los buques hundidos para servir como hogar a la flora y fauna submarina.
El Nalón fue uno de los buques hundidos para servir como hogar a la flora y fauna submarina.
La última dotación del dragaminas Sil posa para el fotógrafo.
La última dotación del dragaminas Sil posa para el fotógrafo.

Todos ellos eran (tres aún lo son), de casco de madera, concretamente de pino de Oregón, y eran unos barcos muy modernos para la época, como lo demuestra el hecho de que por ejemplo el primero de ellos, el Nalón, fue la primera unidad naval española provista de sónar. Este buque, que durante décadas paseó por la mar el nombre del caudaloso río truchero asturiano, fue además la primera unidad que llegó a España tras la firma del MDAP, en concreto al puerto de Ferrol, un más que lejano 10 de junio de 1954.

A finales de los años 70, varios de ellos fueron desprovistos del sistema de rastras, (entre los que estaba precisamente el Sil), reconvirtiéndose como patrulleros de zona, aunque poco después algunos volvieron a ser reclasificados como dragaminas, quedando finalmente un trío de ellos, los Nalón, Ulla y Turia, dedicados a labores de patrullaje y vigilancia pesquera.

Estos tres citados, dados de baja a comienzos de la última década, fueron donados por la Armada a la Consejería de Agricultura y Pesca de la Comunidad Autónoma de Murcia, y hundidos intencionadamente en diversos puntos de la costa levantina para servir como arrecifes artificiales de peces y cefalópodos.

Si al trío mencionado unimos el Llobregat, destruido por un incendio que le sobrevino mientras navegaba precisamente junto a la desembocadura del río de su nombre en la aciaga fecha del 24 de abril de 1979, quedaban ocho unidades, que constituyeron la segunda escuadrilla de dragaminas.

Aunque han tenido varias numerales de costado a lo largo de su dilatada vida con pabellón español, los ocho dragaminas supervivientes de la docena inicial, fueron renumerados finalmente desde el M-21 al M-28, siendo sus nombres, por ese mismo órden alfanumérico, los de Júcar, Ebro, Duero, Tajo, Genil, Odiel, Sil y Miño.

Todos ellos, a lo largo de décadas de inestimables servicios, se han hecho acreedores al popular slogan de "barcos de madera para dotaciones de hierro", en clara alusión a las duras condiciones de vida a bordo y al material con el que estaban construidos.

La flotilla de medidas contra minas de la Armada española se precia de utilizar un viejo axioma, que dice que "para dedicarse a la caza de minas, no es necesario estar loco, pero eso ayuda", y en el que estos pequeños y entrañables buques mucho tendrían que hablar si pudieran haberlo hecho.

Como decíamos al principio, a lo largo de 2004 se procederá a dar la baja al último de ellos, y será a partir de entonces cuando pasen definitivamente a la historia unos barcos que habrán tenido la particularidad y el indudable honor de haber sido, tras la firma del MDAP, "los primeros en ser dados de alta, y los últimos en ser dados de baja".

 

Texto y fotos de Diego Quevedo Carmona
Publicado el 20 de marzo de 2003

Archivo 2001-2003