Adiós a otro veterano de la Armada

La Armada dio de baja al aljibe A-63 «Torpedista Hernández», el "gris" más antiguo de su lista de buques.

Última dotación del aljibe A-63 «Torpedista Hernández» (Foto: Diego Quevedo Carmona).
Panorámica del Arsenal de Cartagena con el buque en primer plano (Foto: Diego Quevedo Carmona).
Arriado de Bandera (Foto: Diego Quevedo Carmona).
(Fotos: Diego Quevedo Carmona).

De nuevo el Arsenal de Cartagena ha sido testigo de otra baja de una unidad basada en su recinto. Si a mediados de enero se arriaba por última vez la bandera al dragaminas «Genil», el viernes 30 se hacía lo propio con otro veterano, el buque aljibe «Torpedista Hernández» (A-63), en acto que presidió el Excmo. Sr. Vicealmirante don José María Terán Élices, jefe del Arsenal cartagenero.

Ha sido este buque una unidad ejemplar, que durante más de cuarenta años ha servido no solamente con abnegación a la Armada, en cuyas listas ha figurado orgulloso, sino a los destacamentos militares del Ejército de Tierra que han estado durante todo ese tiempo destacados en las llamadas posesiones menores del Norte de África, léase Peñones de Alhucemas y Vélez de la Gomera, así como a la guarnición de las Islas Chafarinas.

Igualmente, su presencia ha sido puntual durante años y años en otros sitios donde se ha precisado el agua potable, como en la Isla de Alborán, en las Columbretes o en la de Grosa o Tabarca, por ejemplo.

 

El Torpedista Hernández

Esta entrañable unidad recordaba con su nombre al cartagenero Francisco Hernández Andreu, torpedista que dio su vida por España a bordo del crucero «Almirante Oquendo» cuando las tristes jornadas de Santiago de Cuba.

Pertenecía a una serie de tres aljibes gemelos, de los que él era el segundo, habiendo sido puesta su quilla el 23 de mayo de 1958 en La Carraca, siendo botado el 21 de octubre del mismo año. Su capacidad de carga se situaba en 350 toneladas de agua potable, y en el momento de efectuar su última aguada, el verano pasado, contabilizaba en más de 300 mil las toneladas del preciado líquido suministradas a lo largo de su vida activa.

Del mismo modo, también ha suministrado a las guarniciones y población civil de los lugares citados otras cosas fundamentales como víveres o gas-oil, que aunque lo ha sido en pequeñas dosis, no por ello ha sido menos apreciado su concurso.

A pesar de su eficacia, el «Torpedista Hernández» ha sido una unidad muy modesta, como lo demuestra por ejemplo el hecho de haber llegado al final de su vida militar sin que ninguna institución se dignara ofrecerle nunca una bandera de combate a pesar de -como decimos- haber estado siempre listo para desempeñar comisión.

En unos meses, la Armada lo sacará a subasta, y aunque el chatarrero de turno lo troceará como es habitual en unas pocas jornadas, desapareciendo ya para siempre de la faz de la tierra, su imagen apacible y bonachona perdurará muchos años en la retina de los cartageneros de su generación, ya que su lugar de atraque habitual ha sido siempre en el extremo de levante del Arsenal, perfectamente visible desde el paseo marítimo de la ciudad.

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Texto de Diego Quevedo Carmona
Fotos de D. Quevedo y Lapenu
Publicado el 31 de enero de 2004

Archivo 2001-2003